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LUNES | 31 de marzo del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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La efectividad de todo buen sistema de salud

La efectividad de un sistema de salud de un país se mide por indicadores de salud plenamente establecidos y aceptados internacionalmente. Estos indicadores miden al sistema desde el punto de vista técnico, administrativo, financiero, de calidad y de cantidad.

La inversión en el sector salud no solo tiene que aumentar, sino también debe ser adecuada y eficiente para que no se produzca algo que es mucho más perjudicial, el despilfarro. Nuestro país sigue ocupando los últimos lugares en inversión en salud y los primeros en mortalidad materna e infantil, enfermedades endémicas y epidémicas, crónicas y degenerativas y otras. Una verdadera revolución en salud se haría cuando se resuelva el problema grave de la falta de acceso a servicios de salud a cerca de cuatro millones de ecuatorianos pobres.
Ya dejemos de repetir frases pasadas de moda como “medicina gratuita”, “sistema único” que no son reales ni aplicables en los actuales tiempos del siglo XXI. Nada es gratis, porque para eso pagamos impuestos en algún momento, y desmerece el derecho de todo ciudadano de recibir un servicio de salud digno, oportuno, garantizado constitucionalmente.

Desde hace muchos años en Ecuador se ha venido estableciendo un sistema de salud con 17 subsectores (del Ministerio de Salud, del Seguro Social, Fuerzas Armadas, privados, etcétera) bajo la rectoría del Ministerio de Salud Pública. Revolucionario sería que este sistema se integre más aún, sin confrontaciones ni disputas. Hay mucho por hacer en salud pública, no solo contratar nuevos profesionales que están siendo utilizados políticamente, como entregas de cuotas políticas a partidos o movimientos bien identificados por la opinión pública.

El Presidente de la República tiene buenas intenciones para con su pueblo, pero debe ser bien asesorado en el complejo sector de la salud. Se ha perdido un año de valioso tiempo. Ojalá se tomen medidas inteligentes y no politiqueras.

Javier Carrillo Ubidia,
doctor, Guayaquil

 

Acerca de la guerrilla
Mientras los últimos días de febrero se permitía que en Quito se reuniesen muchos simpatizantes del comunismo y de la lucha armada, el presidente Uribe se preparaba para dos asuntos importantes: contrarrestar la marcha del 6 de marzo en Bogotá por la paz, contra el terrorismo, secuestros, asesinatos por parte de las Furezas Armadas Revolucionarias de Colombia; y el otro, el que tenía planificado y escondido, la incursión armada al Ecuador para matar al segundo al manda de las FARC, Raúl Reyes, el que quería negociar muchas cosas, el que había cedido algunos rehenes y permitido con eso que crezca la imagen del populista Presidente de Venezuela, que aparecía todos los días en medios de comunicación del mundo como el que había conseguido la liberación de los retenidos.

Los paramilitares de Colombia que son una gran fuerza política, económica y asesina, junto a los que quieren matar a todos los de las FARC, los que siempre quieren la guerra porque es un negocio de cientos de millones de dólares, tienen como ideario el Plan Colombia, tesis guerrillista que jamás aceptará negociar la paz y busca involucrar a Ecuador en ese plan perverso. Por ello, a propósito no cuida su frontera sur que limita con nuestro país, cuando esa es su obligación legal y moral. No pone ejército que enfrente a las FARC. Quieren que nuestro Gobierno haga un trabajo que no nos corresponde, además de no tener por qué gastar en guerra ajena, con el pobre presupuesto que tenemos, mientras Colombia recibe cientos de millones de dólares de Estados Unidos.

El presidente Uribe en persona dirigió la invasión y junto a su Ministro de Defensa y altos mandos militares se trasladaron a la base militar de Larandia en el Caquetá, desde donde coordinaron el ataque (con aviones junto a grupos de la Policía y comandos de jungla). Al presidente Uribe le informaron que el guerrillero estaba a 1.850 km dentro del territorio ecuatoriano. Consultó a los generales y fuentes de espionaje, luego ordenó el bombardeo. Le advirtieron las consecuencias políticas, pidió “apoyo” internacional (respaldo militar en caso de ataque). Consejeros le sugirieron entre otras cosas denunciar al presidente Correa como miembro de apoyo a las FARC y al presidente Chávez con un juicio penal en la Corte Internacional por terrorismo.
Uribe recibió el respaldo del presidente Bush, quien también invadió Iraq, contra resolución de la ONU. Con ello, Uribe obtuvo dos trofeos: la muerte de Reyes y el apoyo del Gobierno norteamericano para que firmen el Tratado de Libre Comercio, que son cientos de millones más en negocios, aparte de los cientos de millones de dólares en apoyo militar.
En contra obtuvo rechazo a su conducta. Buen negocio. Uribe al momento tiene, según encuestas, el 80% de aceptación. En los corrillos políticos colombianos se sabe que Uribe quiere la reelección, por eso murmuran que nunca permitirá que liberen a Ingrid Betancourt, porque ella le gana.

Ante este panorama nos preguntamos: ¿por qué sigue funcionando el multimillonario negocio de las drogas?, calculan que son 6 mil millones de dólares al año, ¿en qué banco del mundo está esa fortuna?; ¿será que algunos bancos de Wall Street quiebran cuando se hacen inmensos retiros de ese dinero? A las FARC casi derrotadas les han matado a sus principales, y otros están presos. Con eso de los rescates, algunos guerrilleros se cansaron ya de ser pobres y vivir en la selva a cambio de nada.

Francisco Pesántez Villacís,
abogado, Guayaquil
Acerca de la guerrilla II
 El patrioterismo, es decir el alarde excesivo del patriotismo, es un recurso usado muchas veces por nuestros gobernantes en  toda Lationoamérica.

Quizás uno de los casos más emblemático fue el del  dictador militar Leopoldo Fortunato Galtieri, en Argentina. Para contener el descontento popular con la situación política y económica le declaró la guerra a Gran Bretaña usando la causa nacional de recuperar las islas Malvinas. Sabemos cómo terminó esa aventura demencial. La mayoría del pueblo que lo apoyó, ahora condena ese conflicto. En el último incidente diplomático de nuestro país con Colombia, que alcanzó dimensiones impensadas y pudo llegar hasta las últimas consecuencias –según el presidente Correa, por la violación de nuestra soberanía, pero omitiendo hasta el momento una explicación seria de qué hacían en nuestro territorio los guerrilleros de las FARC– parecía que estaba en vías de solución.

Ahora vuelve a tomar vuelo este incidente por la confirmación de un muerto ecuatoriano, sin  ninguna verificación de por qué se encontraba con las FARC en el ataque colombiano al refugio terrorista. Nuevamente se reacciona usando el patrioterismo. Este tipo de acciones, exaltado nacionalismo o patriotismo, usado para tapar otros grandes problemas nacionales, como podría estar ocurriendo en estos momentos en Ecuador, por las consecuencias del desastre natural que el país está padeciendo y que creará más problemas sociales y económicos; o como ha declarado el ex canciller Édgar Terán, lo que pretendería el Gobierno es no restablecer relaciones diplomáticas con Colombia porque el trasfondo de estas actitudes diplomáticas peligrosas, es electoralista, y si así fuera lo consideraría un acto de locura moral. No darse cuenta de que la posición de confrontación extrema  de Correa no sirvió ni servirá para limpiar las sospechas y  posible relación entre Venezuela, Ecuador y las FARC. Esa imagen ya está instaurada en la opinión pública internacional.

El gobierno de Correa debe tomar correctivos inmediatos como prometió en la reunión del Grupo de Río y aclarar ya su relación con grupos como las FARC y otros, y no profundizar un conflicto diplomático. La única forma de limpiar ahora el buen nombre de su Gobierno y  del  país es con hechos, porque la única verdad es la realidad.

Xavier Bocca Ruiz,
doctor, Buenos Aires, Argentina
 
Aún quedan varios asuntos sin esclarecer. Uno, es que los colombianos no garantizan que la seguridad se efectivará en la frontera con Ecuador. Quiere decir que los grupos ilegales podrán seguir ingresando al país.
Los militares nacionales mostraron evidencias de que se desmantelaron en el año 2007 y parte del 2008 varias bases de grupos irregulares del vecino país en nuestro territorio. Para su explicación usaron el concepto de localización. Según el diccionario de la Lengua Española , se localiza cuando se “averigua el lugar en que se halla alguien o algo”, es decir, los militares escudriñan constantemente la selva pese a la falta de recursos tecnológicos.

Otro particular es que Colombia no indemnizó al país por los daños causados, ni se ha pronunciado sobre algún tipo de compensación a los ciudadanos nacionales y extranjeros que resultaron afectados por el bombardeo. Y queda claro que muchos medios, como lo afirma Correa, dieron más cabida a las versiones vertidas por los agresores que a las versiones nacionales.

Diego Merizalde Guerra
Guayaquil
 
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