Al echar un vistazo sobre las montañas verdes y bajas que sobresalen entre kilómetros de canales navegables en Puerto Montt, en el sur de Chile, es difícil imaginar que algo podría andar mal. Pero debajo de las filas de redes bien colocadas alrededor de las piscifactorías frente a la costa, los salmones están muriendo.
Un virus llamado anemia infecciosa del salmón está en proceso de matar a millones de salmones destinados para exportación a Japón, Europa y Estados Unidos.
La propagación de la plaga ha puesto a temblar a la tercera industria de exportación más importante de Chile, lo cual ha dejado a la gente del lugar resentida por los despidos de más de mil trabajadores.
También ha expuesto a las compañías a nuevos ataques de biólogos y ambientalistas, que dicen que la crianza del salmón en estanques submarinos abarrotados contamina las aguas previamente prístinas y producen peces potencialmente enfermos.
Algunos dicen que la industria cría sus peces de manera que se expone al desastre, y los productores están bajo presión para que cambien sus métodos y preservar las aguas azul cobalto del sur de Chile para los turistas y otra vida marina.
“Todos estos problemas están relacionados con una falta subyacente de controles sanitarios”, dijo Felipe C. Cabello, médico y catedrático del Departamento de Microbiología e Inmunología, en New York Medical College, en Valhalla, que ha estudiado la industria pesquera. “Las infecciones parasitarias, virales y micóticas se propagan cuando los peces están estresados y los centros están demasiado próximos entre sí”.
Los ejecutivos de la industria reconocen algunos de los problemas, pero rechazan la idea de que sus prácticas presenten un peligro para los consumidores. El gobierno chileno también ha rechazado varias de las alegaciones sobre la industria. Las autoridades estadounidenses también dicen que el nuevo virus no es dañino para los humanos.
Pero el brote más reciente ha ocurrido tras una racha de enfermedades no virales en los últimos años que las compañías reconocen las ha llevado a usar altos niveles de antibióticos. Los investigadores señalan que la práctica es generalizada en la industria chilena. El uso en animales de algunos de estos antibióticos, dicen, está prohibido en Estados Unidos.
Chile exporta aproximadamente el 38 por ciento de la producción de salmón cultivado del mundo. Los reguladores aún tienen que establecer un registro que estudie el uso de los fármacos en Chile, indican los investigadores.
El nuevo virus está en proceso de propagarse, pero ha afectado principalmente a los peces de Marine Harvest, compañía noruega que es la productora más importante del mundo de salmón de granja y exporta aproximadamente el 20 por ciento del salmón proveniente de Chile.
La cadena de supermercado estadounidense Safeway Inc. informó que había reducido sus compras de pescados chilenos debido al virus, según el servicio de noticias Bloomberg.”
Arne Hjeltnes, portavoz principal de Marine Harvest, en Oslo, dijo que su compañía reconoce que hay un uso demasiado elevado en Chile de los antibióticos y que el hecho de que los estanques de peces estén muy próximos entre sí ha contribuido a los problemas. Agregó que Marine Harvest le daba la bienvenida a regulaciones ambientales más estrictas.
En una visita reciente al puerto de Castro, unos 170 kilómetros al sur de Puerto Montt, una bodega contenía cientos de bolsas llenas de alimento y medicamento para salmón. Las bolsas —muchas de ellas etiquetadas “Marine Harvest” y “alimento medicado” para los peces— contenían antibióticos y pigmento, así como hormonas para hacer que los peces crecieran más rápido, señaló Adolfo Flores, director del puerto. Hjeltnes dijo que Marine no usaba hormonas en la producción de su salmón.
Los biólogos y ambientalistas dicen que las heces y el alimento de los salmones privan de oxígeno al agua, lo que mata a otra vida marina y propaga la enfermedad.
Los salmones que han escapado se comen a otras especies de peces y han empezado a invadir los ríos y lagos hasta de Argentina, señalan los investigadores.
Las compañías de salmón “nos están robando nuestra riqueza”, dijo Victor Gutiérrez, de 33 años, pescador de Cochamó, pueblo que circunda el Seno de Reloncaví, que está salpicado de granjas de salmón.
“Traen enfermedades y luego nos dejan los problemas”.