En agosto, mientras un equipo en el Polo Norte se preparaba para sumergirse más de tres kilómetros al fondo del Océano Ártico, algunos de las docenas de especialistas que organizaron la inmersión participaban en un ritual ya establecido: dibujar sobre vasos de hielo seco, para terminar con más de 100 de ellos decorados.
Los vasos fueron entonces enviados cautelosamente a las profundidades.
Durante la histórica inmersión, encabezada por científicos rusos, la presión del agua circundante aplastó los vasos hasta dejarlos del tamaño de dedales y reducir también lo que estaba escrito y dibujado sobre ellos.
Más tarde, los diminutos vasos se convirtieron en souvenirs instantáneos de la inmersión polar, al ofrecer una prueba impactante del descenso a una zona poco conocida, así como testimonio silencioso del poder aplastante del agua común y corriente.
Con el paso de las décadas, los exploradores de las profundidades han producido miles de esos recuerdos y, de manera más reciente, las escuelas se han unido a la diversión como una forma de enfatizar algunas de las peculiaridades de un planeta donde aguas muy profundas cubren aproximadamente el 65 por ciento de la superficie.
Entre más profunda es la inmersión, mayor es la presión del agua. La presión sobre cualquier objeto en el mar profundo, al igual que a nivel del mar, es uniforme. Presiona desde arriba, abajo y por los lados. Eso se debe a que las moléculas que componen los fluidos (que en física incluyen tanto gases como líquidos) están libres para moverse por todos lados y transmitir fuerza en todas las direcciones.
Las criaturas marinas están hechas principalmente de agua, que virtualmente no se puede comprimir.
Por consiguiente, escapan a la destrucción en el abismo. Pero la elevada presión provoca que la mayoría de las cavidades, como los pulmones humanos, colapsen. Lo mismo sucede con los vasos de hielo seco. Son casi enteramente vacío, puesto que el hielo seco es 95 por ciento aire. A medida que aumenta la presión durante el descenso, el aire se comprime lentamente y los vasos se encogen.
Los exploradores de las profundidades escapan a la tortura al descender en pequeñas embarcaciones conocidas como sumergibles. Una esfera personal súper fuerte protege a un piloto y dos observadores.