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Murciélagos mueren por razones desconocidas

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Un misterioso mal está matando a muchos murciélagos en Nueva York.
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Abril 06, 2008

Por TINA KELLEY

Al Hicks se encontraba de pie afuera de una vieja mina, en las Montañas Adirondack, el hibernáculo, o lugar de descanso invernal, más grande de murciélagos en el estado de Nueva York. Era de día en pleno invierno, y los murciélagos salían de la mina a un ritmo de más o menos uno por minuto. Algunos caían al suelo, donde aleteaban en la nieve como diminutos paraguas rotos por el viento.

Para el anochecer, todos estaban muertos. Hicks, especialista en mamíferos en el Departamento de Conservación Ambiental del estado, comentó: “Los murciélagos no vuelan en el día y no vuelan en invierno. Cada murciélago que ve aquí afuera es, por decirlo así, un murciélago muerto en vida”.

No son los únicos. En el que es uno de los peores desastres en golpear a las poblaciones de murciélagos en Estados Unidos, el 90 por ciento de los murciélagos que hibernan en cuatro cuevas y minas en Nueva York ha muerto desde el invierno pasado.

Los biólogos especialistas en fauna silvestre temen una cantidad significativa de muertes en unas quince cuevas y minas en Nueva York, así como en sitios en Massachusetts y Vermont.

Sea lo que sea que mata a los murciélagos los deja inusualmente delgados y, en algunos casos, salpicados con un hongo blanco. Los expertos en murciélagos temen que lo que llaman Síndrome de la nariz blanca podría significar la perdición para varias especies que mantienen bajo control a las plagas de insectos.

Los investigadores aún tienen que determinar si los murciélagos mueren a causa de un virus, bacteria, toxina, peligro ambiental, desorden metabólico u hongos. Algunos han sido encontrados con pulmonía, pero se cree que ésta y los hongos son síntomas secundarios.

Merlin Tuttle, presidente de Bat Conservation International, grupo educativo y de investigación, en Austin, Texas, declaró: “Hasta donde podemos determinar a estas alturas, esta podría ser la amenaza más grave para los murciélagos de América del Norte que hemos experimentado en la historia registrada. Definitivamente amerita atención inmediata y cuidadosa”.

El mes pasado, Hicks dirigió un equipo del Departamento de Conservación Ambiental al hibernáculo que ha albergado a 200 mil murciélagos en años pasados, principalmente pequeños murciélagos café (Myotis lucifugus) y murciélagos de Indiana (Myotis sodalis), federalmente declarados en peligro de extinción, junto con la segunda concentración más grande del mundo de murciélagos de patas cortas (Myotis leibii).

En una húmeda galería de la mina, Hicks pidió a todos contar cuántos murciélagos de 100 tenían narices blancas. Contaron a más o menos la mitad de los murciélagos en una galería. Estarían muertos para abril, aseguró.

Hicks, quien fue la primera persona en comenzar a estudiar las muertes, dijo que más de diez laboratorios intentan resolver el misterio. Algunos biólogos temen que 250 mil murciélagos podrían morir este año.

Desde septiembre, cuando comenzó la hibernación, se han encontrado murciélagos muertos o agonizantes en quince lugares en Nueva York. La mayoría de ellos había sido visitado por personas que habían estado en los cuatro sitios originales el invierno pasado, lo que ha llevado a los investigadores a sospechar que los humanos pudieron transmitir el problema.

A los biólogos les preocupa que si la causa de muerte de los murciélagos es algo contagioso ya sea en las cuevas o en otra parte, podría propagarse rápidamente, debido a que los murciélagos pueden emigrar cientos de kilómetros en cualquier dirección a sus hogares de verano, conocidos como colonias de maternidad.

En esos sitios, las hembras generalmente dan a luz a una cría al año, reto que se suma a las poblaciones a la baja.

Otros investigadores quieren saber si pesticidas recientemente introducidos, entre ellos los liberados para detener el virus del Nilo, podrían contribuir al problema, ya sea vía una toxina o al reducir dramáticamente la fuente de alimentación del murciélago.

En las seis horas en la cueva para tomar muestras, contar narices y tomar fotografías, Hicks dijo que tratar de lograr la foto perfecta era, para él, una forma de terapia.

“Es sólo que sé que nunca voy a volver a verlos”, dijo. “Somos los últimos en ver esta concentración de murciélagos en nuestra vida”.


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