Los seguidores de la lucha libre se reúnen para ver o practicar esta disciplina. Son familiares, amigos o conocidos. Antes eran independientes, pero ahora conforman un grupo llamado WAR. Aquí sus historias.
Son las 16:00 del último domingo de marzo y en el coliseo del San José La Salle los fanáticos se emocionan al ver pelear a sus súper héroes favoritos. E-Skate, Comando, Super Medics, Kuervo, Mike the punisher o Romeo, el Adonis.
No son personajes de la pantalla grande, sino cuidadores de carros, guardias o profesionales que comparten una misma pasión: son amantes de la lucha libre e, incluso, la siguen por generaciones. Padres e hijos, vecinos o amigos de toda la vida.
Para ellos es como una telenovela para hombres, aunque las mujeres también forman parte del público. Aunque dan y reciben golpes de todo tipo, irónicamente algunos no resisten ni una simple inyección. “Soy masoquista. Me gusta sentir el dolor o ver la sangre correr, pero no soporto una inyección”, admite Kaos, un guardia de seguridad aficionado a la lucha.
Comando se inclinó por esta disciplina a causa de su padre, conocido en el medio como Relámpago Torres, aunque admite una desventaja: ninguna aseguradora quiere hacerse cargo en caso de daños a su salud.
Seguidores de la lucha libre, decidieron formar la empresa WAR (Wrestling Alliance Revolution) hace un año y reunieron a luchadores independientes para formar un espectáculo; la integran 30 luchadores: 26 de Guayaquil y 4 de Quito.
Una de las cosas que más disfrutan es la emoción del público, que grita con euforia cuando los ve. A favor o en contra.
La jornada del domingo –que se extendió por tres horas– tuvo seis combates. Cuando salen al cuadrilátero saludan a la gente, reciben aplausos o insultos. “El mayor compañero de un luchador es la soledad”, comenta Kuervo, detrás del maquillaje. Para él, la metamorfosis no es solo exterior. “El Kuervo entra así al mundo de los vivos”.