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Edición del DOMINGO 6 de Abril del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Chicos tristes
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Diagnósticos
¿Qué nos hace fuertes?

¿Qué hace que un niño se deprima? ¿Por qué ciertos jóvenes enfrentan la vida con mayor fortaleza que otros? ¿Cuándo la soledad y la depresión pueden desembocar en suicidio? Son algunas interrogantes del sensible mundo de los chicos.

Leticia buscó el día entero la forma más sencilla de suicidarse. Había conseguido las llaves del cajón donde su padre guardaba el revólver, pero la sola opción de darse un tiro en la cabeza la aterraba. Pensó en colgarse de una soga, mas tuvo miedo de que esta se rompiera. Lanzarse del balcón de su cuarto era una alternativa inaudita, ya que sus vecinos la verían saltar. Cortarse las venas... la idea de cortar sus venas esperando desangrarse sin dolor era su mejor opción, o al menos así lo pensó y lo hizo.

A las 19:20 de un viernes de junio, Leticia, de 11 años, intentó suicidarse. Luego de una rápida intervención médica para salvarle la vida, sus padres consideraron necesario internarla en el hospital psiquiátrico Lorenzo Ponce y evitar comentar del hecho al resto de la familia. Hoy, seis años después, pocos imaginan que las marcas en sus venas son consecuencia de una terrible depresión padecida a raíz de la desconfianza continua de sus padres.

Índice de tristeza
Según la Dra. Rocío Álvarez, psiquiatra de las clínicas Kennedy y Urdenor, y jefa del área infanto-juvenil del hospital Lorenzo Ponce, de acuerdo con estudios, en la población mundial existe del 3% al 10% de depresión infantil y del 10% al 25% de depresión juvenil. Porcentajes realmente altos comparados con la situación que se vivía hace años, donde raras veces un niño llegaba al suicidio.

Según Álvarez, todo niño nace con la capacidad de sobreponerse a las adversidades, pero es mejor si esta facultad se la cultiva desde pequeños. "Si el chico cambia, se desconcentra, no tiene paciencia para aprender, no es acertivo y tampoco juega, ahí los padres deben poner especial atención porque dicho comportamiento puede estar avisándoles de un problema serio de depresión".

Considera primordial detectar cuando el chico ha nacido con la depresión a causa de factores genéticos (siempre están tristes) o cuando esta ha sido adquirida por situaciones sociales y familiares. El joven que comúnmente es llamado "vago o el amargado de la clase" puede necesitar ser escuchado y comprendido. "Si a la tristeza profunda se suma el déficit de atención que muestra, el cuadro se pone peor".

Opina que hoy la gente en su afán por el individualismo se ha desintegrado familiarmente, causando más enfermedades mentales que antes y generando nuevos estilos de familia donde uno de los padres (o los dos) emigró a otro país.

La depresión afecta los sistemas de aprendizaje, la concentración y la memoria. Detectarla a tiempo es responsabilidad de los padres, pero también de los maestros. "Hace una semana llegó a mi consultorio un niño menor de 8 años. Uno se pregunta: ¿qué puede saber un niño de problemas? La separación de sus padres lo entristeció tanto que él ya había pensado en el suicidio. Era la primera vez que veía a alguien tan pequeño pensar en esa posibilidad".

La solución
Miguel de Zubiría Samper, psicólogo e investigador colombiano, en su libro 'Cómo prevenir la soledad, la depresión y el suicidio en niños y jóvenes', reflexiona sobre la incapacidad de comunicarnos en plena era de las comunicaciones. Para él, la técnica más eficaz es la prevención. "Prevenir significa captar esas tenues señales en nuestros hijos y estudiantes, a fin de tomar medidas según la gravedad del caso".

Considera que la causa base para la depresión es el modelo de crianza equivocada. Todos los padres están llenos de buenas intenciones, pero en ocasiones confunden los valores. La vida frenética que deben enfrentar  les hace perder el norte y compensar la soledad de los chicos con cosas materiales o excesiva libertad.  La crianza permisiva dio como consecuencia niños frágiles, inseguros, con tendencias depresivas y dificultades para enfrentar las adversidades. Y es que al tenerlo todo de las manos generosas de sus padres, no aprenden a esforzarse. Tienen una vida poco interesante, de  baja intensidad, que los sitúa del lado de la apatía. (A.G.)


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