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| El autor de ‘Las cruces sobre el agua’ habría cumplido hoy 99 años |
El Guayaquil de Joaquín Gallegos |
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| En Las cruces sobre el agua, de Joaquín Gallegos Lara, son los panaderos quienes inician la huelga que terminará siendo reprimida. Aún en Capitán Najera y Noguchi existe el local de ese gremio. | | |
| Abril 09, 2008
Jorge Martillo Monserrate
Pocas huellas de la ciudad en la que habitó el escritor permanecen aún. Lo moderno, el nombre del futuro, borra la cotidianidad histórica.
Guayaquil es como un criminal que borra sus huellas. Hoy existen escasos rastros materiales de la ciudad que el 9 de abril de 1909 vio nacer a Joaquín Enrique de las Mercedes Gallegos Lara. Quien nació con una deformación que le impedía caminar y estuvo casado con María Nela Martínez Espinosa. Pero nada le impidió transformar nuestra literatura, ni intentar revolucionar una sociedad injusta. Fue autodidacta. A los 16 años, con versos románticos se inició en la literatura.
Alejandro Guerra Cáceres, el más versado estudioso de la vida y obra del escritor, señala que en 1925, Gallegos Lara y su madre vivían en Eloy Alfaro y Manabí, casa que fue derribada y hoy es un edificio más de la Bahía. El narrador habitaba en la buhardilla, frecuentada por estudiantes, artesanos, artistas, etcétera. Por ese espacio se desplazaba empleando un sistema de cuerdas. En 1930 se publicó Los que se van. Guerra Cáceres asevera que Gallegos Lara seleccionó los cuentos de Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert y los suyos (ocho relatos por autor), escribió los tercetos de la dedicatoria, tituló y cuidó la publicación. En 1931 militó en el Partido Comunista del Ecuador, cuya sede remodelada permanece en el populoso sector de Huancavilca entre Cacique Álvarez y Chimborazo. Hacia 1933 formó parte del Grupo de Guayaquil, cuyos integrantes se reunían en la desaparecida cafetería de la librería Atahualpa o en su legendaria buhardilla.
Pero no todos sus trabajos de supervivencia fueron intelectuales. En 1932, como inspector municipal debía ir a bordo de un camión que acarreaba cascajo de las canteras. Y en 1944 fue el boletero de la piscina municipal, ubicada en el malecón Simón Bolívar y Loja.
Gallegos Lara falleció el 16 de noviembre de 1947. Dos días después, el muralista y poeta Jorge Swett en su memoria escribió La última guardia, que publicó Diario EL UNIVERSO: “Yo derramé mis lágrimas rebeldes/ ante el cadáver del amigo muerto./ Puse en su caja roja, junto a ella,/ mi amor, mi soledad, mi desconcierto”.
Aunque Guayaquil en su huida hacia el futuro no conserve las huellas materiales de Gallegos Lara, su obra literaria y política está enraizada y florece en cada grieta de asfalto de la ciudad en fuga. La mayoría de sus contemporáneos ha fallecido. Pero para revivir el mundo íntimo del autor de la novela Las cruces sobre el agua y de cuentos clásicos de la Generación del 30, recogí el testimonio vivo del poeta Rafael Díaz Ycaza y de Jorge Swett Palomeque, artistas ecuatorianos que lo conocieron profundamente.
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