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| Cecilia Ansaldo Briones | |
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Anahí no tiene penas |
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Los cinéfilos de la ciudad estamos contentos. Ochoymedio regresa a Guayaquil a una sala de Supercines, en Riocentro Los Ceibos.
Tendremos que gastar más distancia y gasolina, pero volveremos a consumir el cine que no pacta con el comercio ni se sostiene solamente en los hilos de la tecnología. El Banco Central y sus equivocadas decisiones respecto del MAAC Cine, luego de tres meses de exhibiciones que no enriquecieron en nada la oferta común, y más que nada, con los recientes acontecimientos en torno de esa sala, ahora sí debe ser consciente de cuánto nos hizo perder a los guayaquileños.
Yo andaba detrás de Esas no son penas, filme quiteño del 2006, desde el año pasado cuando se proyectó una sola vez dentro de un festival y sus directores dialogaron con el público, en otra fecha, en una sesión a base de escenas sueltas. Su exhibición estaba prometida para enero, pero el descalabro en el MAAC la atrasó hasta este mes de abril, cuando las gestiones de los antiguos responsables han conseguido buen resultado.
Ahora que la he visto puedo afirmar que el proceso de desarrollo del cine ecuatoriano continúa en ascenso con piezas como ella. Esta no son penas es una película para volvernos sobre nosotros mismos en un acto de reencuentro para los mayores y de avizoramiento responsable del futuro para los jóvenes. La anécdota es un pretexto para lanzarnos al inevitable balance de los años: las amigas distantes durante catorce años que sintetizan en una noche sus trozos de vidas singularizan vivencias de mujer, al mismo tiempo que simbolizan que el tiempo es la dimensión fundamental de lo humano.
La estructura elegida –la fragmentación dinámica que recorre el día de las cinco protagonistas para juntarlas en la noche– viene de las telenovelas y de ciertos filmes vanguardistas. No hay desorden cronológico como en 21 gramos, de González Inárritu, pero sí cada episodio está inundado de momentos significativos que permiten la construcción más con las imágenes que con las palabras. Esta es una película en la que el silencio dice mucho, en la que los close up bucean en las interioridades para que nos preguntemos: ¿por qué llora Marina?, ¿a qué le tiene miedo Tamara?
Me gusta que las mujeres le den rostro múltiple a ciertas actitudes congeladas en los géneros: que el adulterio no sea una conducta masculina que se practica con ligereza, en este caso atormenta a la mujer que la ha elegido; que la abandonada por el marido no utilice su avanzado embarazo para recuperarlo; que la maternidad no se sublime, que la felicidad se redefina.
Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade vienen de algunas experiencias cinematográficas hasta haberse dedicado a este, su primer largometraje. Entiendo que el proceso de producción y filmación ha sido largo y esforzado, principalmente en la lucha de financiar el proyecto, gran obstáculo de la naciente cinematografía nacional. Pero desde el 2005 han participado en diecisiete festivales, dato suficiente para avalar una película que desde la próxima semana se ofrece a los espectadores de nuestra ciudad. Sería muy deseable que se apreciaran sus cualidades, que se discutieran sus alcances.
¡Qué va a tener penas Anahí, debe contar muchas satisfacciones! |
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| Guayaquil |
| Locución |
Un seminario de locución profesional, del 14 al 16 de abril, organizan la Oficina Periodística Evangélica del Ecuador y el Colegio de Periodistas del Guayas, a las 18:00. Se receptan inscripciones en Nueve de Octubre 834 y Rumichaca. Informes en los teléfonos 226-3576 y 230-7293. |
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