Hace quince años, en “Sintonía de amor” (“Sleepless in Seattle”), de la directora Nora Ephron, Rosie O’Donnell, miraba “An Affair to Remember” junto a la lloriqueante Meg Ryan, y dijo: “Los hombres nunca entienden esta película”.
La noción de la “película para mujeres” ganó reconocimiento. Desde entonces, Hollywood ha estado atento a ella, al intentar recapturar ese éxito y al mismo tiempo oponer resistencia a una etiqueta que cada vez más es vista como una trampa del mercado.
En Nueva York y otras locaciones, dos de los directores más exitosos del género —Ephron y P.J. Hogan— actualmente ruedan lo que podría ser considerado un par de películas para mujeres de la siguiente generación. Pero los involucrados parecen resueltos a evitar que se etiquete de esta forma a sus cintas, aun cuando esté basada en una honesta observación.
Hogan, director del éxito de 1997, “La boda de mi mejor amigo”, está rodando “Confessions of a Shopaholic”, con Isla Fisher en el papel protagónico. La cinta está basada en una serie literaria que comenzó en l 2000 con la publicación británica de la novela homónima de Sophie Kinsella, sobre una periodista de finanzas con problemas sentimentales y una propensión a gastar en exceso.
Pero la película no es sólo para mujeres, insisten los realizadores. “Todos tenemos hábitos de gasto, muchos los tenemos”, afirmó Jerry Bruckheimer, uno de los productores de la cinta.
“Si hacemos bien nuestro trabajo, ésta podría ser otro ‘Caza novias’ (“The Wedding Crashers”), añadió Bruckheimer, conocido por películas populares entre los hombres como la trilogía de “Los piratas del Caribe”. Se refería al éxito cómico de 2005 en cuyo elenco figuró Fisher, pero en realidad era protagonizada por Vince Vaughn y Owen Wilson como unos playboys que van a bodas sin ser invitados, en busca de encuentros sexuales efímeros.
Ephron, por su parte, filma “Julie & Julia”, con Amy Adams y Meryl Streep.
En un ejercicio complejo, se basa tanto en la vida de la famosa escritora de libros de cocina Julia Child, como en el libro homónimo de 2005, de Julie Powell, quien, atrapada en un empleo temporal de oficina mientras se acerca a los 30 años, pasó un año preparando todas las recetas de “Mastering the Art of French Cooking”, de Child.
Eso podría ser cosa de hombres, ¿verdad? “Confiamos en que será una película para todos los aficionados a la comida”, dijo Laurence Mark, uno de los productores del filme. De hecho, ambas cintas están arraigadas en un fenómeno —ampliamente designado “literatura para mujeres”— que ha arrasado el mundo editorial en la última década. Los libros están escritos para, y principalmente por, mujeres profesionales veinteañeras.
“The Devil Wears Prada”, la novela de Lauren Weisberger, de 2003, sobre las tribulaciones de una joven en la difícil industria de las revistas de modas de Nueva York, generó el éxito cinematográfico más grande del género, para 20th Century Fox, en 2006. La cinta recaudó alrededor de 125 millones de dólares en Estados Unidos y más de 200 millones de dólares en el extranjero.
Resulta difícil tratar de explicar qué constituye exactamente una supuesta película para mujeres. “An Affair to Remember”, en la que Cary Grant y Deborah Kerr interpretan a una pareja de enamorados a los que el destino les juega una mala pasada, sin duda forma parte de la lista. “Ligeramente embarazada” (“Knocked Up”), en la que Katherine Heigl y Seth Rogen personificaron a una pareja marcada por otra cosa, probablemente no.
“En realidad, la siguiente generación aún no se ha anunciado”, dijo Joan Hyler, representante artística cuyos clientes incluyen a Diane Lane, veterana de las cintas románticas. Hyler se refería a un público joven y femenino que aún tiene que encontrar su película insignia. La siguiente cinta de Lane, “Nights in Rodanthe”, está basada en una novela de Nicholas Sparks sobre una mujer que busca consuelo tras un fracaso matrimonial en la costa de Carolina del Norte y cae en brazos de un doctor, interpretado por Richard Gere.
Es casi definitivamente una película para mujeres, si Hollywood aún permitiera el término.
Pero incluso una directora como Ephron —que ayudó a definir el romance contemporáneo con “Tienes un e-mail” y “Harry y Sally”—se ha vuelto renuente a usar una etiqueta que podría implicar que una película no es exactamente para todo mundo.