Durante dos generaciones, los estadounidenses y europeos han importado mercancías producidas, de manera cada vez más barata, de una sucesión de países de bajos salarios, primero de Japón y Corea, luego de China, y ahora, cada vez más, de lugares como Vietnam e India.
Pero la inflación al alza en el mundo en vías de desarrollo, particularmente Asia, amenaza ese esquema. Los crecientes costos energéticos y laborales en China ya han hecho más caras las exportaciones a Estados Unidos y al resto del mundo, y lo mismo se aplica a las alternativas a China con costos más bajos.
“La inflación es la amenaza principal para los países asiáticos”, dijo Jong-Wha Lee, director de la oficina de integración económica regional del Banco de Desarrollo Asiático.
También es una amenaza para los consumidores estadounidenses y europeos, porque los exportadores asiáticos, incluso en países muy pobres, les pasan sus crecientes costos a los clientes.
Los países en desarrollo ya han sufrido episodios de inflación. De hecho, algunos son famosos por ellos, como Brasil, que sufrió inflación de tres dígitos a finales de los 80 y principios de los años 90.
Pero dos cosas hacen que esta ocasión sea diferente, y juntas prometen subir aún más los precios tanto en Wal-Mart como en los supermercados en Estados Unidos y en otras partes, en el preciso momento en que se alza la posibilidad de una recesión.
La primera es que países en vías de desarrollo hoy producen casi la mitad de todas las importaciones estadounidenses. La segunda, que la inflación en estos países llega al mismo tiempo que muchas de sus monedas aumentan de valor con respecto al dólar.
Eso golpea a los consumidores estadounidenses por partida doble, al pagar al menos algunos de los costos más altos de los productores por fabricar sus mercancías, y enfrentar precios más altos encima de eso porque el dólar vale menos en esos países.
Los hombres de negocios asiáticos dicen no tener alternativa respecto a cobrar más. “Esta es una época difícil para hacer negocios”, expresó Le Hoai Vu, gerente de ventas para la Compañía de Cerámica Quang Vinh, en Bat Trang, en la parte norte de Vietnam.
La compañía acaba de incrementar hasta un 10 por ciento los precios que cobra a los distribuidores en Estados Unidos por floreros pintados a mano, porque los costos de la mano de obra registran un incremento del 30 por ciento al año.
Los precios en general, en Vietnam, uno de los destinos de más rápido crecimiento para las inversiones de manufactura y una de las fuentes de importaciones estadounidenses que crece más velozmente, aumentaron el 19,4 por ciento entre marzo de 2007 y marzo de 2008.
En Bat Trang, antigua capital de la cerámica cerca de Hanoi, el gasto de Quang Vinh Ceramic que sube más rápidamente es el de la tinta azul intenso usado para pintar floreros y otros objetos de cerámica. Importada desde Bélgica, el precio de la tinta es en euros y subió en 80 por ciento durante el último año en dongs vietnamitas.
Los propietarios de hornos para ladrillo, como Le Thi Hop, en Bat Trang, respondieron triplicando los precios en el año pasado. “La mayoría de la gente que compra mis ladrillos dice que el precio es una locura, pero yo les digo: ‘Así lo manda el mercado’”, dijo mentó Hop.