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Síntesis de una semblanza… |
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Bosquejar una semblanza tiene un privilegio y con-lleva un riesgo; un privilegio porque se trata de una creación que no tiene razones para ser objetada, pues contiene apreciaciones muy personales, nacidas de una visión peculiar, es decir, de mi propia sensibilidad y percepción; sin embargo, también tiene un riesgo: omitir rasgos personales importantes, desconocer páginas trascendentes de la vida de Raúl Vallejo Corral, ser injusto en apreciaciones. Espero que el alumno de ayer sea indulgente con el maestro.
Fernando Balseca Franco es compañero de Raúl en el camino de la creación literaria; juntos ingresaron en 1965 al primer grado en el Cristóbal Colón y años más tarde juntos se graduaron de bachilleres en la especialización filosófico-sociales de la misma institución. Fernando me cuenta: “De niño, Raúl era muy aplicado, pero sobre todo excelente compañero, es decir, interesado en los otros de la clase. Tenía fama de estudioso; su pinta, siempre de lentes desde muy chiquito, le ayudaba en esto. En el colegio era como todos nosotros, pero acaso con un sentido de responsabilidad y del deber más desarrollado. Comprometido con lo que creía, incursionó en el teatro, la música y la literatura”.
Yo no fui profesor de aula de Raúl, es por esto que ciertamente él recuerda más a su rector que yo al estudiante, pero pude apreciar al niño que concluía su primaria durante todo su Ciclo Básico. Eran los tiempos en el que el Cristóbal celebraba estrepitosamente cuando lograba vencer en basquetbol al San José, monarca del baloncesto; cuando el Vicente y el Aguirre luchaban sin éxito para doblegar al Cristóbal, campeón indiscutible de atletismo con Juanito Bermúdez a la cabeza. En el Cristóbal había nacido la revista Nosotros, se realizaban las primeras ferias de Ciencias, se suprimió la banda de guerra, se inauguró un moderno coliseo, estaban de moda los concursos de Oratoria sobre el Libro leído y también se empezaba a gestar el movimiento de los “Gustavinos”.
Raúl Vallejo rubrica su propia identidad: “Sé que al bucear en la condición humana me toparé con el dolor, el ansia, la explosión de un instante feliz, la tormenta del lenguaje; por eso, la escritura es una consunción personal que acepto como una forma de la plenitud… soy un escritor que, en medio de una soledad vital, escribe porque no puede dejar de hacerlo”. Estos y otros conceptos expuse en la capilla del colegio San José donde se presentó Missa Solemnis, de Raúl Vallejo, un poema místico exquisito que lo degusté el viernes y sábado de la última Semana Santa.
El mundo necesita de más poetas, el peso de lo tangible nos está aplastando el espíritu. Ecuador necesita de más libertades para crear espacios propicios para el debate, para la creación, para trabajar un futuro menos hosco, menos tenso. Junto con mis felicitaciones al poeta en su época de madurez pido a Dios que la segunda parte de su centuria que está por iniciarse sea igualmente rica en espacios de libertad, creación y felicidad donde el arte en todas sus manifestaciones refresque nuestras almas y renueve nuestras ganas de vivir. |
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| Nicholas D. Kristof |
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