El artista guayaquileño expone en el hall del hotel Oro Verde, por invitación de la galerista Madeleine Hollaender, y alista otra exhibición más grande.
El artista Jorge Jaén Herrera ha preparado una muestra pequeña. La integran veinte pinturas. Veinte bodegones que expone en el hall del hotel Oro Verde desde el pasado martes. Sin embargo, para él, señala, es inmensa, porque en esta se evidencia un cambio de temática: ya no lo marginal, la noche, los reos, lo esperpéntico de la ciudad, sino la luz, la alegría, los recuerdos de infancia, lo lúdico.
Es el reflejo de una nueva etapa personal que vive: una etapa de luz, de sosiego. Mientras investiga para una gran muestra sobre mitos de los pueblos del Ecuador, que tendrá lista para el próximo septiembre, ha pintado estos bodegones que hasta la semana pasada estaban colgados en la sala de su casa, que también le sirve como taller y como el lugar donde a diario hace una terapia.
A Jaén, guayaquileño nacido en 1961, el tema social es lo que más le había preocupado durante su trayectoria. Es un retratista de la ciudad. Ha captado lo que percibe cuando camina por las aceras y portales de este Guayaquil que aunque crece, se desarrolla, está también repleto de marginalidad.
Cuenta que un día le llevó a vender uno de sus cuadros a la galerista Madeleine Hollaender. Y esta le dijo: “Jaén, está interesante tu propuesta, ¿por qué no haces una exposición? Te veo diferente”. Ella, que conocía su obra, que sabía de su trayectoria de casi veinte años en el arte, captó que algo pasaba en el pintor.
Le confesó que había superado su afición por el alcohol: ya no bebía, ni esperaba la noche para salir. Tenía una nueva pareja y había logrado que los hijos de su anterior compromiso se acercaran nuevamente a él. Cuenta que Madeleine lo invitó a exponer y que lo llamaba con frecuencia para saber cómo iba con la obra.
“Los bodegones son como comenzar de nuevo. Los creadores, los artistas, han hecho esto como parte del aprendizaje. Para mí es un cambio. Quiero dar otra visión del bodegón tradicional. Es una especie de juego, de alegría, que tiene que ver con mi vida personal. No es que no tenga qué crear. Es un comodín para luego realizar una exposición fuerte”, comenta Jaén, de 47 años, quien además es grabador, oficio que aprendió en el taller de artes gráficas de la Casa de la Cultura del Guayas, que dirigió Hernán Zúñiga.
Señala que su cambio tiene un nombre de mujer: María José Zurita, una joven de 25 años que también pinta y a quien conoció el pasado octubre, cuando esta participaba en el Festival de Artes Al Aire Libre. Fue en uno de esos días cuando Jaén le dijo: “Me gustas”. Y ella le respondió: “Pero yo con un borracho no voy a estar”. Fue el comienzo de esta historia.
La madre de María José, que es profesora de reiki en Quito y tiene un centro, lo ayudó con la terapia homa (es un tratamiento bioenergético de la antigua cultura védica de la India), que hasta ahora él la practica a diario. Resultados: siete meses sin beber y una nueva forma de ver la vida. María José es ahora su esposa. Pronto se mudarán a una casa más grande. “Imagínate, 18 años en alcohol y he decidido dejarlo totalmente”, dice, admirándose de sí mismo.
BREVES
EN CUENCA
Jorge Jaén participó como invitado en la Bienal de Cuenca en el 2004, y su obra se incluyó en la sala Poéticas del borde, en la exposición ‘Umbrales’, del MAAC.
PREMIOS
Ganó el segundo premio en el Festival de Artes Al Aire Libre en el 2002, el tercer premio en el Salón de Julio 2002 y menciones en anteriores salones.