En Compañeras, documental acerca del mariachi femenil Reyna de Los Ángeles, una de las integrantes explica por qué se resiste a ver la música de mariachis como trabajo.
“Personalmente, no quiero decir: ‘¡qué fastidio! Hoy tengo que ir a tocar”, comenta la violinista Sylvia Hinojosa. “Quiero decir: ‘¡Sí! ¡Hoy voy a tocar! Quiero tener un descanso de mi escuela, voy a descansar de mi esposo y de las tareas de la casa. Voy a reunirme con las chicas y tocar’. Eso es lo que representa para nosotras”.
El hecho de que tantas de las integrantes de Reyna consideren al grupo más un pasatiempo apasionado que un trabajo, podría ayudar a explicar por qué los grupos de mujeres mariachis profesionales no son tan numerosos como sus homólogos masculinos. Sin embargo, como se muestra en televisión en Compañeras, el matrimonio, la maternidad y los ingresos insuficientes también se cuentan como obstáculos.
Pero las mujeres aportan tanto poder y sentimiento a esta tradición mexicana del siglo XIX, que al público no le queda más que asumir que saben de primera mano de lo que están cantando, cuando suplican el regreso de un enamorado o lo reprenden por su manera de beber, sus traiciones y demás despliegues de mala conducta.
Aunque los grupos de mariachis comúnmente incluyen a mujeres cantantes, las agrupaciones de mujeres, como Reyna, que se fundó en Los Ángeles en 1994 y se cree es la primera de su clase fuera de México, son poco comunes.
Elizabeth Massie y Matthew Buzzell, quienes producen y dirigen la película, comentaron que se toparon con la banda a principios de esta década, en Los Ángeles.
Los cineastas entonces se propusieron explorar la interpretación femenina de un género dominado por los hombres.
El creador de Reyna es José Hernández, fundador y director musical de Mariachi Sol de México, agrupación enteramente varonil nominada al Grammy. Hernández armó el grupo de mujeres cuando comenzó a dar clases de mariachi para niños en las escuelas públicas de Los Ángeles, a principios de los 90. La mitad de los estudiantes que se presentaron a las clases eran chicas.
La más experimentada del grupo no era latina: era Cindy Reifler, violinista clásica de Santa Cruz, California, que había tocado años con un mariachi varonil y se convirtió en la primera líder de Reyna. Algunas casadas, algunas solteras, y con edades de entre 16 y 42 años, las integrantes de Reyna se convirtieron en un grupo muy unido. Como dice el título del documental, son compañeras.
“Cuando le cuentas secretos a tu amiga, y ella te cuenta sus secretos y sus problemas, no es una amiga, es una compañera”, explica en el filme Laura Paloma Córdova, quien toca el arpa.
Para ellas era tan importante proteger esa camaradería que cuando dos candidatas hicieron pruebas para un lugar disponible, rechazaron a la que obviamente era mejor música para favorecer a una más joven y con menos experiencia, Angélica Gómez, de 19 años, cuyo sueño de unirse a un mariachi es una de las historias principales en el filme.
Hay un límite a lo que la camaradería puede hacer. Mientras que la música de mariachis genera más de 100 millones de dólares anuales en ventas de discos, de acuerdo con Compañeras, el género depende en gran medida de las presentaciones en vivo.
Hacer giras, junto con presentaciones nocturnas en restaurantes, es algo difícil de combinar con el cuidado de los hijos y el trabajo. Y la poca remuneración, alrededor de 75 dólares por noche al tiempo en que se realizó el filme, no parece razón suficiente para abandonar la escuela, los empleos regulares o las familias para dedicarse a la música.