Tras superar un coma, el ex jugador de fútbol celebra un título en la liga barrial.
Dice que creyó que viajaba en un avión privado, por aproximadamente 18 días. A veces descendía en una silla de ruedas a diferentes ciudades y regresaba a ese recorrido que parecía eterno. Es lo que recuerda Stalin Bravo del tiempo que permaneció en coma profundo, luego de su participación de Ecuador en el mundial de fútbol de salón 2007, en Argentina. Ahí sufrió una infección que casi termina con su vida.
Cuando recuerda la anécdota del avión, Marco Atiencia, ex compañero de fútbol y amigo de Bravo, bromea: "¿No se subió al vuelo un hombre con sombrero negro, trinche y rabo rojo?". Stalin, de 32 años, no para de reír: “No lo vi. Todavía no lo vi a ese señor...”, responde.
Luego de cinco meses de tratamiento recuperó parte de la alegría con la que vivía antes de sufrir una infección en su rodilla izquierda que lo relegó a un shock séptico. Bravo regresó a su trabajo en AT y E Corporación, donde labora en la bodega y empaca productos de limpieza.
Hace una semana conquistó el campeonato abierto de fútbol de salón; también juega otros torneos barriales a la vez, pero ya no con el club Turín de Machachi, de segunda categoría.
UN MILAGRO
Esa es una de las cosas que más le duele a Bravo. No jugar como antes de la lesión. A él le resulta lejana la creencia de que su recuperación fue un milagro. “Dios no quería que nos abandonara”, piensan su esposa Patricia y sus tres hijos Ricardo (8 años), Stalin (7) y Kayla (11).
Del shock se despertó paulatinamente. No fue nada parecido a las versiones de películas de Hollywood sobre el coma. Fue un proceso de algunos días en que recobró la conciencia. No recordaba nada ni a nadie.
Pesaba 85 libras, un poco más de la mitad de su peso normal (160).
Caminó otra vez junto a la ayuda del fisioterapista Luis Rojas. Y lo primero que recordó es el cariño que le tiene a su familia y al fútbol. Entrenó con la fortaleza de las oraciones de sus compañeros de empresa y cancha.
No era la primera vez que Stalin vencía a la adversidad. A los 15 años murió su padre y con su madre Rosa y tres hermanas afrontaron una nueva vida en Guayaquil.
Desde ahí su calidad futbolístico le dio una vida digna. Jugó en Calvi y Panamá, de segunda división nacional. En el 2003 fue citado a la Tri de fútbol de salón y jugó el mundial en Paraguay.
Fue contratado por AT y E por el empresario Enrique Atiencia para que juegue con su equipo. Tenía una vida normal hasta que lo aquejó el shock y una deuda de más de 30 mil dólares por gastos hospitalarios. Al final fue sustentada en parte por la Concentración Deportiva de Pichincha con $ 5.000; rifas, ayudas voluntarias y la mayor parte por AT y E.
Solo amateur
Stalin ya no puede jugar en la segunda porque los clubes temen que recaiga. Se dedicará al fútbol amateur y de salón durante los próximos cuatro años. No quiere volver a la selección con la que clasificó al próximo mundial, que se realizará en el 2011. Hoy le teme mucho a los aviones y los viajes, prefiere la vida con sus hijos, las canchas barriales, en donde no deja de marcar goles con la misma alegría con que jugó dos mundiales.