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LUNES | 28 de abril del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Jubilación de la mujer con 25 años de labores
¿Y qué pasó con la promesa política de campaña para la Asamblea, sobre la jubilación de la mujer con 25 años de labores sin límite de edad?

Hasta ahora no se ha tratado el tema en Montecristi, o por lo menos no se ha escuchado nada en las noticias de radio, televisión o en publicación alguna en los diarios nacionales.

Todavía siguen tratando el tema de Dios en la Constitución, sin desmerecer, considero que va pasando el tiempo y también este asunto que es muy importante.

El tema es realmente esperado en algún pronunciamiento por todas las mujeres trabajadoras del país que se encuentran en iguales condiciones que las mías.

 Y es que la Constitución vigente establece que debemos tener 60 años con 25 de labores para gozar de la jubilación.

No estoy de acuerdo con ello porque hay muchas mujeres enfermas que pueden morir en el camino y no ver cristalizada esta aspiración.

Solicito a la Asamblea Nacional Constituyente, y por ende a sus representantes, los asambleístas integrantes de las mesas de trabajo, revisar el tema y emitir su pronunciamiento favorable.

De ser así podríamos muchas ecuatorianas gozar de ese beneficio en vida, ya que nuestros mejores años han sido entregados al trabajo para provecho del Ecuador, y es pertinente que el IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) nos retribuya en esta forma.

Por favor, asambleístas, traten el tema antes de que el tiempo apremie y no alcancen a revisarlo.

Narcisa Garboa Vergara,
Guayaquil
A los 30 ya se es viejo

Guayaquil no es ciudad para “viejos”, parecería, en vista de que varias empresas no contratan a personas mayores de 30 años que acuden a entrevistas de trabajo para cubrir alguna vacante laboral.

Al preguntárseles el motivo de esta discriminación, empleadores responden que eso es “política de la empresa”, “mandato de la gerencia”, y nada más. Es decir, en la imaginación de “abnegados” empresarios, toda persona que cumple 31 años inmediatamente dejará de sentir hambre y nunca se enfermará ni tampoco necesitará vestuario ni dinero para pagar las planillas de energía eléctrica, agua dizque potable, y peor aún para el departamento financiero del Municipio que persigue a sol y sombra a los contribuyentes, pese a que las calles están llenas de baches y basura.

Soy un ciudadano de 38 años  y por eso me es muy difícil conseguir empleo. Pero no sucede lo mismo con ciertos  personajes que consiguen trabajo con jugosos sueldos solamente al mencionar sus apellidos extranjeros.
Otros, consiguen empleo gracias a que adulan a “líderes”. Solicito al Presidente de la República que elabore una ley para acabar con esta discriminación.

Juan Anstrong Andrade Ochoa,
Guayaquil

Formo parte del gran porcentaje de ciudadanos desempleados del país, y no es posible que existan personas que se aprovechen de esta necesidad para engañar, faltar el respeto, y burlarse de la situación.

Desde hace mucho tiempo salen anuncios en los periódicos “ofreciendo” empleos. Personas y compañías anuncian que necesitan ocupar vacantes para varios cargos administrativos, operativos y hasta gerenciales, indicando el supuesto sueldo y que “no necesitan vendedores”.

Suenan interesantes, pero al llegar a las entrevistas, resulta que sientan al postulante en una sala con algunas personas citadas ese mismo día, y empiezan a hablarles. Entre palabra y palabra siguen indicando que no es tarea de “ventas”. Luego de casi una hora de tener a la gente ahí, le dicen que habrá un seminario para “capacitarse” por cuatro horas durante cuatro días, donde se dará a conocer el objetivo y estrategias de la empresa; y en algunos casos piden hasta un valor por esa “capacitación”. Si desde el principio fueran transparentes y honestos, nos ahorrarían considerablemente el tiempo. Me he encontrado con empresas que hasta ofrecen “cursos de idiomas extranjeros” y “distribución de productos naturales”.

Estos anuncios salen disfrazados de diferentes maneras hasta tres veces el mismo día. Y no les basta con bombardear periódicos locales, sino páginas web, también en forma “disfrazada” con sus ofrecimientos. ¿No sería más digno que pidan lo que realmente necesitan?, ¡vendedores! ¿Habrá alguna persona o institución que controle estos abusos?

Rosario de Lourdes Murillo Landín,
Guayaquil

A los 30 ya se es viejo II

Debemos poner atención en el efecto que causaría la eliminación de las tercerizadoras, no como costo político, sino como aumento de la pobreza en nuestro país.

Muchas son las personas que necesitan trabajar medio tiempo o por horas, sea porque son amas de casa, estudiantes, o porque tienen otro trabajo pero que no les abastece para sobrevivir, etcétera; ¿de qué va a vivir esta gente si no podrá trabajar?, ¿cómo va a sobrevivir o completar un presupuesto?

Este sería el único país en el que se castiga el querer trabajar.  Sin contar cómo subiría más la tasa de desempleo.

En todos los países del mundo existen tercerizadoras, lógicamente estas deben estar regidas por leyes y reglamentos, entonces, ¿por qué en nuestro país deben desaparecer si  tomamos en cuenta que el Estado es uno de los entes que también tiene empleados tercerizados? No estoy de acuerdo con aquellas tercerizadoras que abusan de los empleados, que los explotan, que no les pagan todos los haberes de ley.

Lo que se debe hacer son leyes que se apliquen para su buen funcionamiento, que los inspectores de trabajo verifiquen esto, y  que todo se haga de acuerdo a la ley. Si son cómplices y encubridores de las malas tercerizadoras, deben ser castigados con todo el rigor de la ley, y esas tercerizadoras sí deben desaparecer.

Oí a un colega decir algo muy cierto, “si en nuestro país hay una carretera con una curva peligrosa que hace que ocurran muchos accidentes, no arreglamos la curva peligrosa, sino que construimos un hospital al lado”. Qué triste realidad.

Marcela Yépez Intriago,
doctora, Guayaquil

Conociéndose el panorama de desempleo, de trabas que ponen empleadores para no coger más personal, de explotación laboral, de la tercerización, y muchos otros problemas laborales que hay en Ecuador, uno siente mucha pena de que aquí no se incentive ni se creen espacios para que la población pueda trabajar dignamente.

En Ecuador no se puede conseguir empleo porque se es muy joven (18, 21 años) y por lo tanto se carece de experiencia; o porque se es muy mayor (35, 38 años); o porque se está embarazada; o porque el puesto que se ofrece no lo “consideran” propio para el aspirante, no porque no tenga toda la capacidad para desempeñarlo, sino porque el sueldo (bajo) que ofrecen, dicen que es para gente “junior” (joven); claro a un profesional más adulto con altos conocimientos no le van a ofrecer el sueldo básico que le dan a un jovencito que no va a aspirar mucho sino que más bien se contenta con la oportunidad de que le abran las puertas de una empresa para empezar a aprender con la práctica.

Esto de la falta de trabajo y de la explotación al empleado en Ecuador es un problema que todos los asambleístas deben estudiar con mucho cuidado lo más pronto posible, porque los días pasan y pronto concluirá la Constituyente.

No deben por eso perder el tiempo en absurdos, como quemando las horas por estar ahí para hablar de payasadas, como discutir el derecho de la mujer de sentir placer en lo sexual y otros. Qué ridículo. ¿Piensan que eso es trascendental y abren la boca para lanzar esas ideas de leyes que solo ellos creen geniales, brillantes?

¿Qué les pasa a estos? ¿No tienen qué más hacer ni en qué más “pensar”? Pónganse a trabajar, que para eso les pagamos, para que nos sirvan.

Carlos Tamayo,
Guayaquil

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Una conferencia sobre introducción al equilibrio mental se desarrolla en la Biblioteca Municipal, ubicada en Diez de Agosto entre Chile y Pedro Carbo, del 28 al 30 de abril. La entrada es gratuita. Informes llamando al teléfono 256-5837.
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