Lunes 13 de septiembre del 2010 Tiempo Libre

Una aldea alemana es un gran spa

NEW YORK TIMES

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BURG, Alemania. Varios clientes reciben masajes en el Resort y Spa Zur Bleiche, ubicado en una zona de aguas termales.

Unos 88 kilómetros al sudeste de Berlín, se extiende el poco empinado paisaje de Brandemburgo: una extensión de bosques y campos de linaza. Como otras partes de la Alemania rural, las aldeas en este estado oriental surgen cada pocos kilómetros. Pero aquí, distintivas barcazas planas flotan en muelles fluviales. Los caminos campestres, flanqueados por altos árboles, cortan por granjas de pepinos y marismas.

Esto es Spreewald (Bosque del Spree en alemán), una región cerca de la frontera entre Alemania y Polonia donde el río Spree se convierte en un delta interior, con kilómetros de riachuelos superficiales que fluyen a través del campo.

En 1991, la Unesco designó a las 42.500 hectáreas del Spreewald una reserva de la biosfera, asegurando la preservación de los bosques, la vida silvestre y los canales que desde hace tiempo han sido un atractivo popular para los viajeros nacionales.

Pero resulta que uno de los mayores tesoros de Spreewald reposa bajo tierra: un manantial termal descubierto hace más de una década se ubica unos 1.350 metros debajo de la superficie, con minerales y sales a niveles similares a los del Mar Muerto. Cuando el manantial se volvió accesible al público en el 2005, Brandemburgo designó a Burg, una comunidad rural de 4.500 habitantes en la que se descubrieron las aguas, un kurort, o destino de spa certificado.

Desde entonces, las estadías de una noche en Burg se han incrementado en alrededor del 40 por ciento, según autoridades municipales, y la localidad atrae a más visitantes que cualquier otro lugar de Brandemburgo, excepto Potsdam.

Les prestan servicio una serie de nuevos hoteles y pensiones –algunos de los cuales ofrecen tratamientos de spa en el lugar– además de instalaciones de respaldo que ahora permanecen abiertas todo el año en vez de solo los meses más cálidos. Una carretera que ha sido rebautizada como la kurortroute (ruta del spa) serpentea por la comunidad pasando frente a granjas y sobre puentes encima de los canales; un sendero para bicicletas recorre la mayor parte del camino para aquellos visitantes que equilibran sus tratamientos de spa con actividad física; y el muelle público de Burg para barcazas, o kahns, ha sido modernizado y embellecido.

En el corazón del redesarrollo de Burg como destino de spa está el Spreedwaldtherme, cuyas piscinas se alimentan del manantial termal. Abrió sus puertas hace cinco años, sellando la designación de Burg como kurort.

En un edificio moderno ubicado en medio del bosque, nueve piscinas de entre 17 y 37 grados centígrados cubren 775 metros cuadrados, ofreciendo diversos grados de contenido de minerales y sales. Los huéspedes deambulan por la extensa zona de sauna en sandalias y batas de baño entre sesiones de sauna que incluyen infusiones de vapor de una hora hechas con hierbas locales. Los tratamientos incluyen masajes con aceite de linaza de cultivo local y paquetes de algas del Spreewald.

Stefan Kannewischer, el inversionista y operador basado en Suiza de Spreewaldtherme, valora el escenario más allá de las aguas de las que se sirve su spa. Kannewischer, cuyo negocio familiar ha acondicionado baños en Baden-Baden y Bad Kissingen, recordó su primera vez aquí. “Pensé: ¿Por qué voy a esta localidad cerca de la frontera polaca?’, pero en cuanto llegué, me di cuenta de que este lugar es mágico”, dijo. En ese entonces, Kannewischer tomó un recorrido por los canales en una kahn. “Tan pronto como entré, estuve en otro mundo”.

Burg conserva la tranquilidad que existe en todo Spreewald. La región, hogar de una minoría étnica eslava que se hace llamar serbia (igual que su lengua), depende en parte de la agricultura y exportaciones de sus característicos pepinillos sazonados con sabor a mostaza, eneldo o ajo, además del turismo. Christinee Clausing, que es dueña de Sur Bleiche Resort and Spa con su esposo, Heinrich Michael Clausing, también se sintió cautivada por el encanto de Burg cuando llegó. “El Spreewald es un lugar donde uno puede relajarse muy rápidamente”, dijo. “Siempre que nos vamos y regresamos, notamos que es un poco como una utopía”.

Así es Zur Bleiche. El centro vacacional de 90 habitaciones, con un spa de 4.000 metros cuadrados y un restaurante con estrellas Michelin, 17fuffzig, es un mundo de bienestar en sí mismo. El complejo de edificios data de 1750, cuando el rey Federico el Grande hizo que se produjeran y aclararan aquí las camisas de uniforme de sus soldados. (Bleiche significa blanqueador.). Otros edificios fueron construidos durante la era comunista como el albergue vacacional para la asociación que supervisaba a los 15 sindicatos en la República Democrática Alemana.

Los Clausing, que llegaron a principios de los 90 desde el sur de Alemania, se las han ingeniado para transformar el lugar en un paraíso opulento y casual. Las piscinas al aire libre y bajo techo llaman la atención por todas partes. Incluso en verano, una chimenea chisporrotea de manera invitadora en una sala cuyos elevados techos revelan su origen como granero.

La extensa área de sauna –todo un piso dedicado a tratamientos, una zona de spa para mujeres y un laberinto de salones llenos de cojines, hamacas, libros o Budas– ofrece rincones al parecer innumerables para acurrucarse. Incluso la habitación para huéspedes más pequeña tiene su propia área de descanso como una suite.

Los nueve restaurantes ofrecen especialidades del Spreewald como un filete de lucio de agua dulce cubierto de salsa de vermut ligero. El centro vacacional tiene su propia kahn, amarrada detrás de un salón de desayunos encristalado sobre el canal detrás del hotel.

Con recomendaciones susurradas como si fuera una contraseña secreta entre los acosados berlineses (y, cada vez más, los residentes de Dresden y Leipzig), el centro vacacional, que abrió en 1997, ha ganado popularidad constantemente, incluso más allá de las fronteras de Alemania. “Desde el principio, nos dispusimos a atraer huéspedes alemanes e internacionales”, dijo Clausing. “Ahora, el interés en el área sigue creciendo”. Burg aún tiene algunos atractivos por venir.

Hay un hotel de 83 habitaciones en obras, programado para abrir en el verano del 2012, que conectará vía un túnel con las instalaciones de Spreewaldtherme. “Al principio, la gente se mostraba escéptica sobre Burg, pero ahora hacen viajes especiales aquí para llegar a los baños y ver el área”, dijo Kannewischer.

Pudiera haber momentos en que el servicio parece lento, pero luego se dan cuenta de que todo el sentido de venir de visita es desacelerarse y disfrutar del ritmo relajado, la amabilidad y la belleza natural. Hay que detenerse en una granja a cortar algunas fresas, o a sacar un enorme pepinillo directamente del barril; reposar en la cámara de inhalación de Spreewaldtherme o recibir un masaje con sal en el spa de Zur Bleiche. “En otras ciudades turísticas, quizá tenga que embellecerse. Pero no tiene que hacer nada aquí”, dijo Clausing. “Simplemente debe relajarse. Es como tomar un paseo en una kahn. Ni siquiera tiene que remar”.

“Al principio, la gente se mostraba escéptica sobre Burg, pero ahora hacen viajes especiales aquí para llegar a los baños y ver el área”.
Stefan Kannewischer, inversionista

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