Martes 07 de diciembre del 2010 The New York Times

Victoria's Secret descubre a su ángel

THE NEW YORK TIMES

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Unas 300 modelos hacen el casting para lucir la lencería de Victoria's Secret, solo 30 son las elegidas.

Así es como un ángel se gana las alas. Primero, nace en algún sitio, como Bielorrusia o Florianópolis, el lugar en el sur de Brasil donde hay muchísimas personas con nombres alemanes producidos a lo largo de los siglos, o, bueno, Saskatchewan.

Después, el ángel se hace hermoso. (No existen los ángeles poco agraciados.)

Lo siguiente es descubrir al ángel, muy probablemente en un centro comercial.

En este punto, el ángel no se da cuenta que lo es, porque el proceso de convertirse en ángel lleva tiempo, se requiere orientación, apoyo y milagros, y, está bien, el ocasional novio de mala pinta, así como la decisión, en algún momento, de Steven Meisel, o de cualquier otro fotógrafo de modas que crea estrellas, para elegir a una mujer entre las miles que gustosamente entregarían a su primogénito por tener la oportunidad de estar frente a sus lentes.

Aunque no hay duda de que el sueño de cantidades incalculables de aspirantes a algún día ser descubiertas gracias a una convocatoria de Victoria's Secret – con su belleza tan radiante que se elevan por encima de las filas de las humanas comunes de carne y hueso, y aparecen como supernovas resplandecientes en ropa interior y tacones de estríper –  , la verdad es que quienes están destinadas a quedar incluidas en el codiciado papel de ángel de Victoria's Secret no salen de la población en general. No hay democracia en la tierra de los ángeles.

“Seleccionamos a 30 modelos, pero las agencias nos envían 10 veces esa cantidad para que las tomemos en cuenta”, dijo hace poco Edward Razek, el principal ejecutivo de márquetin de Limited Brand, la empresa matriz del centro motriz en lencería, antes de una sesión de selección para el desfile de Victoria's Secret de este año, que fue televisado el 30 de noviembre para 11 millones de personas en 185 países. Se grabó ante una multitud más modesta en Nueva York el 11 de ese mes.

“Y a 100 veces esa cantidad le gustaría”, dijo Razek. “Por eso no me gusta seleccionar, porque básicamente soy un buenazo, y odio los corazones rotos, y odio decir que no”.

Da la casualidad que son pocas las ocasiones en las que se oye la palabra “no” en un casting de Victoria's Secret, al menos no para que lo alcancen a oír las aspirantes. Lo que escuchan en cambio, durante los 120 segundos que dan a cada una para presentarse ante un panel especialmente seleccionado, es frases corteses y suficientemente generales para ser anodinas.

Escuchan: “Encantadora”. Escuchan: “Gracias por venir”. Escuchan: “Repítalo, por favor, con un poco más de energía”.

La gente que pronunció esas palabras una fría mañana otoñal, en el piso 12 de un edificio de oficinas en Midtown Manhattan, bajo una iluminación que no favorecía a nadie, incluidos Razek y Monica Mitro, la productora ejecutiva del desfile de Victoria's Secret; Alexander Werz, un director de desfiles de modas; John Pfeiffer, un director de casting, y Sophia Neophitou Apostolou y Dan May, dos editores basados en Londres (Harper's Bazaar y 10 Magazine, la costosa revista trimestral), que, de alguna forma, sacan tiempo entre cruces intercontinentales en jets para fungir como estilistas muy bien pagados de marcas mundiales.

Había otros profesionales en el salón – gente de producción, un fotógrafo y un grupito de asistentes, parados junto a una pared con rostros de modelos. Sin embargo, las personas más importantes, las que decidían el destino de los ángeles, estaban sentadas a una mesa plegadiza, a unas 10 zancadas grandes de una mampara improvisada, para tener privacidad, hecha con un estante para pantaletas y sostenes de Victoria’s Secret.

Detrás de la mampara, por cerca de tres horas, algunos de los seres más hermosos del planeta, uno tras otro, se quitaron la ropa de calle y la ropa interior para ponerse un conjunto genérico para la audición que consistía de un sostén con terminado en satín, unas pantaletas biquini de encaje, y zapatillas color champán con tacón y plataforma.

Al salir del vestuario improvisado, estas mujeres caminaban naturalmente hacia la mesa, o tan naturalmente como una persona casi desnuda lo puede hacer bajo las circunstancias, y saludaban de mano al equipo de Victoria's Secret.

“De lo que no se da cuenta la gente es que, con mucho, es más poco común que los atletas superestrellas”, dijo Razek sobre las mujeres que cumplían con los parámetros físicos precisos, aunque no escritos, para convertirse en un ángel de Victoria's Secret, “Es probable que el número de personas que puede hacer esto sea menor a 100 en el mundo. Y en el desfile son sólo 30 chicas”. (En realidad, 33 este año.)

De cualquier forma, la gente sí se da cuenta. Y, como con los hechos más desagradables, apartan ése.

Vale la pena notarlo porque la fantasía es tan poderosa que Limited, la empresa matriz de Victoria’s Secret, registró un incremento de 12% en ventas comparables de septiembre respecto del mismo periodo de hace un año. 

Ese crecimiento, dijeron analistas de la industria, lo encabezó la división Victoria's Secret, que en sí misma registró un crecimiento de 13% año con año. Lo que es más, los resultados de octubre de la empresa, ya publicados, son más fuertes todavía. Se podría decir que es el efecto del levantamiento de la Curva Gel.

Esa mañana nadie pensaba en nada de eso. Los que se encontraban a la mesa estaban concentrados en Carolyn Winberg, una modelo sueca, algo masculina, con un abdomen amplio y plano; escote limitado y glúteos bien definidos, y cabello rubio, que, como el de tantas modelos exitosas, estaba crispado por peinarlo tanto y ahora tenía la textura de la viruta.

“No importa el cabello”, dijo Mitro después de que Winberg se cambió, caminó, sonrió, rió, se volteó, rió, y se volvió a cambiar, metió sus cosas al bolsón TGI Friday's y, soplando un beso hacia el panel, salió del salón.

La siguiente fue Bruna Tenorio, una aguileña belleza brasileña, preferida por diseñadores europeos para sus desfiles de alta costura; seguida por Chrishell Stubbs de 18 años, recién llegada, con cascadas de rizos oscuros, y Marloes Horst, una madona de Memling, con un biquini de encaje de malla, y Liu Wen, originaria de Pekín, con piernas más largas que las de la mayoría de los basquetbolistas base; Cameron Russell, estudiante de medio tiempo (“muy de medio tiempo”) de una maestría en economía en Columbia; Rosie Huntington Whiteley, la mujer mejor conocida como el remplazo de Megan Fox en “Transformers 3”, Maryna Linchuk, una joven de Bielorrusia quien, aunque ya fue ungida como ángel de Victoria’s Secret, volvió a hacer la audición este año porque, como dijo Mitro, los cuerpos sí cambian.

``No los ves un minuto, y ``, dijo Mitro y se calló.

Sostuvo las manos ahuecadas ampliamente haciendo el gesto universal para las caderas tan anchas como un establo.

¿Hace falta decir que ningún ángel de Victoria's Secret es gordo? Sí hace falta. No se puede esperar que una persona alcance las alturas angelicales con una dieta de postres congelados o roles de canela.

“Con una sonrisa, el hola, la caminata, tienen quizá dos minutos”, para dejar una buena impresión, dijo Razek, quien ha trabajado en Limited desde principios de los 1980, notablemente bronceado, cuya envidiable mata de cabello encanecido casi hacía juego con los calcetines grisáceos hechos a la medida.

Quizá sólo sean segundos, que fue todo lo que le llevó a Linchuk ganarse al panel, en parte porque es hermosa en una forma no controvertida y rubia genérica, pero también porque es briosa y eficiente, y hace ejercicio cinco días a la semana. La modelo Angela Lindvall, otro ángel ocasional, comparó en un momento dado su particular línea de trabajo con la de un boxeador.

“Tienes que hacer pesas”, dijo.

La propia Lindvall se deshizo de nueve kilogramos que le quedaron después del embarazo para alcanzar el peso de ángel, saltando la cuerda y subsistiendo a base sólo de espinacas, acelgas y col rizada.

El horizonte para estar en buena forma de una modelo que se prepara para la audición para el desfile de Victoria’s Secret es quizá de 12 semanas, explicó Justin Gelband, un entrenador personal conocido en el negocio como el Susurrador de las Modelos.

“Nos hemos estado matando por este desfile”, explicó Gelband antes del llamado para el casting, refiriéndose a clientes como Linchuk, Shayk y Anne Vialitsina, una modelo cuya carrera ha tenido altas y bajas por pequeños aumentos de peso, pero cuyo físico ese día fue tan increíblemente adecuado que provocó una exclamación colectiva.

“Todo esto parece sencillo, pero no lo es”, dijo Neophitou Apostolou, la directora y estilista. “No son sólo mujeres con cierta forma o talla las que pueden hacer esto, aunque se pudiera pensar que sí. Y no es una propuesta tan obvia”, elegir entre tantos especímenes femeninos aparentemente sin defectos a las que mejor harán la transición al estatus de míticos serafines de la lencería. Se llama a pocas, y se elige a menos aún para que usen alas ajustadas con correas de un ángel de Victoria's Secret.

“En realidad, las chicas sueñan con eso”, dijo Mitro refiriéndose a usar las plumas.

Hojeando un álbum de recortes, señaló vivamente una fotografía de una modelo llorando, que parecía tambalearse por el peso de un traje que parecía algo que Cher podría haberse puesto para una ceremonia indígena.

“Estas”, dijo, “son las alas que la hicieron llorar”.

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