Jueves 13 de enero del 2011 | 13:38 The New York Times

El traje espacial que se debe usar

THE NEW YORK TIMES | SUITLAND, Maryland

Los guantes Mercury, con las palmas de cuero. En los próximos meses la colección de trajes espaciales iniciará una exposición viajera con fotografías de tamaño natural e imágenes de rayos X.

Los guantes Mercury, con las palmas de cuero. En los próximos meses la colección de trajes espaciales iniciará una exposición viajera con fotografías de tamaño natural e imágenes de rayos X.

Escondidas en un edificio de almacenamiento del Smithsoniano en este suburbio de Washington están algunas de las maravillas de la ingeniería de la carrera espacial. Estas maravillas son mucho más pequeñas que los enormes cohetes y aerodinámicas naves espaciales que pusieron en órbita a los hombres y los llevaron a la Luna. Mucho más suaves, también. Son los trajes espaciales que mantuvieron vivos a los astronautas más allá de la Tierra.

La mayor parte de la colección del Museo Nacional del Aire y el Espacio de alrededor de 300 trajes espaciales está aquí, dispuestos en alteros de cinco sobre estantes de acero en una habitación de clima controlado. Cada uno está protegido por una hoja de muselina, lo que da a la sala la sensación espeluznante de una morgue o el sitio de descanso final de miembros de un extraño culto espacial.

Hay trajes Mercury como el usado por Scott Carpenter, el cuarto estadounidense en el espacio, y su icónico recubrimiento reflectante se asoma en algunos puntos. Está el traje Apollo 11 usado por Neil A. Armstrong, que luce tan prístino como cuando él dio su primer pequeño paso en la luna en 1969, gracias a un trabajo de limpieza hecho por la NASA que, en retrospectiva, fue mal asesorada porque dañó los materiales de que estaba hecho el traje. Cerca está el traje Apollo 17 de Harrison H. Schmitt, aún cubierto de suciedad lunar.

Hay muchos trajes que nunca llegaron al espacio, proyectos como el EX1-A, que tenía articulaciones en forma de dona que permitía al usuario pleno movimiento de sus miembros; el AX-5, que parece una versión de la era espacial del Hombre Michelin; y el AES, que estaba cubierto casi en su totalidad de tela entretejida con acero inoxidable.

También hay accesorios: botines lunares con la misma tela de acero inoxidable en la parte superior; guantes del Laboratorio Orbital Tripulado con palmas de piel de tiburón y dedos de acero cosidos, tan maleables que un astronauta podía recoger una moneda con ellos puestos, aun cuando estuvieran presurizados; calzoncillos largos entretejidos con ductos de plástico, para mantener fresco a quien los usara; y caja tras caja de cascos, incluido el casco para exterior con visor dorado de Armstrong, del que se pensó alguna vez que lo había dejado en la luna.

Los trajes espaciales recibirán reconocimiento la próxima primavera, en una exhibición itinerante de fotografías a tamaño real e imágenes de rayos X organizada por el Smithsoniano. (La mayoría de los trajes – especialmente sus componentes de goma, que se han vuelto quebradizos a lo largo de las décadas – son demasiado frágiles para ser exhibidos.) En noviembre. Algunas de las personas que saben más sobre trajes espaciales se reunieron en el museo para una panel de discusión sobre las decisiones de diseño e intercambios que entraron en juego al crear estos artefactos tan personales de la carrera espacial.

“Mucho es ingeniería”, dijo en una entrevista Joseph J. Kosmo, un destacado ingeniero de proyecto de la NASA que ha diseñado trajes espaciales durante casi 50 años. “Pero hay mucho de arte, también”.

En su forma más básica, un traje espacial está destinado a desempeñar dos funciones casi incompatibles: proteger al astronauta del duro ambiente del espacio, y permitir a quien lo use maniobrar y trabajar cómodamente. “El énfasis está en tratar de desarrollar un sistema muy móvil mientras está presurizado”, dijo Kosmo.

Un traje presurizado – una traje de goma y un casco sellado – permite al astronauta sobrevivir en el vacío del espacio. Pero un traje se constriñe cuando no está presurizado, y cuando es inflado el movimiento se vuelve aún más difícil, porque mover las articulaciones reudce el volumen, creando presión dentro.

“Cuando se le presuriza, es como trabajar dentro de una salchicha”, dijo Joseph P. Kerwin, un astronauta a bordo de la misión Skylab en 1973 y el “tipo del traje” del programa Apollo – el astronauta que trabajó más estrechamente con los ingenieros del traje espacial – durante varios años antes de eso. “El truco al diseñar un traje espacial era facilitar más mover las articulaciones dentro de ese globo inflado”.

Así que los ingenieros, incluyendo a Kosmo, pasaron años usando sus conocimientos de anatomía, movimiento y materiales para desarrollar mejores articulaciones.

Las que tienen forma de dona en el EX1-A fueron una solución; son articulaciones rígidas, de manera que el volumen del traje permanece constante cuando ocurre el movimiento, y no hay aumento de presión.

Una solución más práctica, sin embargo, resultó ser algo llamado convolución – dobleces tipo acordeón en el traje en los hombros, rodillas y otras articulaciones. Con un sistema de cables para evitar que los dobleces se estiren, la convolución ofrecía un buen grado de movimiento.

Los primeros trajes, para los vuelos Mercury en solitario de 1961 a 1963, fueron variaciones de los trajes de vuelo de elevada altitud militares y eran más sencillos, dijo Amanda Young, que pasó 15 años organizando la colección de trajes del museo antes de retirarse en 2009. (Aparte de algunos prototipos posteriores, la colección termina con proyectos posteriores a Apollo como Skylab; los trajes del transbordador y de la estación espacial no están incluidos todavía.)

Los trajes Mercury tenían sólo dos capas – el traje de presión y un recubrimiento de nailon para proteger al traje y ayudarle a mantener su forma dura al ser presurizado. (El delgado recubrimiento aluminizado, pegado al nailon, quizá haya sido más por apariencia que para protección térmica.)

Con los trajes Mercury, el traje de goma existía sólo para emergencias, como una pérdida de presión en la cápsula, para permitir sobrevivir al astronauta hasta que pudiera regresar a la Tierra. “Todo era capacidad para permitir bajarlos”, dijo Kosmo. Esa emergencia nunca ocurrió, así que los trajes nunca fueron presurizados en el espacio.

Como el astronauta del Mercury estaba apretujado en su cápsula, la movilidad no fue un elemento a tomar en cuenta. Pero con las primeras caminatas espaciales, en los vuelos Gemini de dos astronautas a mediados de los años 60, eso cambió, dijo Young, autora de “Spacesuits”, un libro sobre la colección del museo.

“Los trajes tenían una construcción totalmente diferente”, dijo. Además de requerir que los trajes fueran presurizados, salir de la nave espacial exponía a los astronautas a micrometeoritos – partículas a alta velocidad que podían agujerear un traje espacial – y a condiciones extremas de calor y frío. Así que se añadieron más capas, de Dacron, Mylar y otros materiales polímeros, para proteger y aislar al astronauta.

Se hicieron también otros cambios de sentido común, dijo Young. “Aprendieron que se debía poner una solapa sobre la cremallera en la espalda, porque si se daba la espalda al sol la cremallera se calentaba”, dijo.

Y cuando los astronautas trataban de trabajar, rápidamente se sobrecalentaban. El enfriamiento del aire era inadecuado, dijo Kosmo, y se desarrolló la idea de ropa interior enfriada con agua.

Los calzoncillos largos fueron un gran éxito durante el programa Apollo, dijo Kerwin, describiendo una conversación que tuvo con Alan Bean, el cuarto hombre que caminó en la luna. Bean estaba retozando por ahí y empezó a sobrecalentarse, de manera que giró la perilla en su mochila refrigerante de bajo a medio. El resultado, le dijo a Kerwin, fue “como zambullirse en una piscina, se siente el frío en el cuerpo de inmediato”. Nadie probó jamás la posición de alto, dijo Kerwin.

Cambios necesarios
Con sus caminatas lunares, el programa Apollo hizo otras demandas a los diseñadores de trajes. “Resultó que caminar en la luna y proteger a la tripulación dentro del módulo de mando sumaron muchos requerimientos a veces no muy compatibles”, dijo Kerwin.

El traje tenía que ser lo bastante cómodo para usarlo por horas en los confines del módulo de mando, la cápsula que llevó a los astronautas a la luna y de regreso, y no tan voluminosos que los hombres no pudieran trabajar con todos los interruptores y palancas en la consola de la nave espacial mientras estaban sujetos a sus asientos.

Pero caminar en la luna requería protección extra del calor y el frío y los micrometeoritos, y siempre existía el riesgo de caerse y rasgar algo. Así que el traje Apollo tenía que ser voluminoso, con unas 20 capas, incluida una exterior de tela Beta, que está entretejida con fibras de vidrio recubiertas de Teflon.

Se hicieron concesiones, dijo Kerwin. Describió un incidente que involucró a la tripulación del primer vuelo Apollo tripulado en 1968, comandado por uno de los siete astronautas originales del Mercury, Walter M. Schirra. Como parte de una prueba, los astronautas estaban sujetos a sus asientos en el módulo de comando con los trajes totalmente presurizados.

“Wally enloqueció”, recordó Kerwin. “Cuando presurizaron los trajes, su codo derecho se empalmó con el codo izquierdo del piloto del módulo de mando, Donn Eisele, que estaba sentado en el asiento del centro”.

Schirra se quejó a voz en cuello de que no podía operar adecuadamente los controles de la nave espacial. “Y era uno de los siete originales, lo que Wally decía era ley”, dijo Kerwin. A insistencia de Schirra, los ingenieros restringieron las articulaciones de los hombros en todos los trajes para que los brazos no se empalmaran. “Pero lo que él estaba haciendo era destruir de un solo golpe toda la cuidadosa movilidad que ellos habían puesto en esos brazos para el trabajo en la superficie lunar”, dijo Kerwin.

El vuelo de Schirra no fue a la Luna, así que la movilidad extra no fue necesaria. Para vuelos lunares subsecuentes, los ingenieros regresaron al diseño más móvil, pero para sólo dos de los tres astronautas de cada misión, los dos que caminarían en la luna. “El piloto del módulo de mando nunca aterriza en la luna, así que su traje puede tener hombros limitados”, dijo Kerwin. “Lo hicieron correctamente”, afirmó. “Debo decirlo, lo hicieron correctamente”.

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