Viernes 21 de enero del 2011 | 11:00 The New York Times

¿Deberían los padres que viajan traerles regalos a sus hijos?

THE NEW YORK TIMES | NUEVA YORK

La publicista Nicole Rodrigues y su hija Yvette, 9, junto al estante donde colecciona los osos que su mamá le trae de los viajes de trabajo a diferentes sitios de EEUU.

La publicista Nicole Rodrigues y su hija Yvette, 9, junto al estante donde colecciona los osos que su mamá le trae de los viajes de trabajo a diferentes sitios de EEUU.

Un viaje de trabajo puede evocar todo tipo de emociones en el padre y en el hijo que se quedó, empezando con la pérdida, la culpa, la ansiedad y un sentimiento de liberación. Sin embargo, el padre que trae regalos a la casa puede suscitar problemas diferentes.

“Los niños pueden desarrollar la expectativa de que cada vez que un padre se va tienen derecho a un regalo”, dice Michelle P. Maidenberg, una psicóloga, directora clínica y presidenta de los consultorios Westchester Group Works en Nueva York.

De hecho, “¿qué me trajiste?” es una pregunta que se formula en millones de hogares estadounidenses en los cuales los padres viajan por trabajo. En las familias que incluyen hijos menores de 18 años, viajan cerca de 17% de las madres empleadas y 27% de los padres empleados, según el Estudio Nacional de la Fuerza Laboral en Cambio, 2008.

Según el estudio, el más reciente sobre el tema realizado por el Instituto para la Familia y el Trabajo, las madres que viajaron por trabajo, estuvieron fuera casi siete noches en los tres meses anteriores, mientras que los padres, un poco más de 13 noches.

Dilucidar cómo manejar la cuestión de los regalos – si darlos, y de ser así, qué ofrecer – puede tener que recorrer un largo trecho, dicen los expertos, para ayudar a los padres e hijos a manejar la interrupción y los complejos sentimientos que crean los viajes de los padres.

Los padres ofrecen obsequios – o no – por razones que son tanto elevadas como básicas. “En ese regalo hay algo que permite que los chicos sepan que estás pensando en ellos cuando estás fuera”, dijo Lindsay Mosby, una consultora en administración en Atlanta que viaja frecuentemente.

El doctor Charles Sophy, un psiquiatra y director médico del Departamento de Servicios Infantiles y Familiares del condado de Los Angeles, proporcionó otra explicación para los regalos. “Los regalos se tratan a menudo de la culpa de los padres por irse”, señaló.

“Y puede darse una competencia entre los padres” por la atención de los hijos cuando uno de ellos viaja. Sophy dijo que su pareja viaja frecuentemente y cuando él regresaba, su hijo de ocho años le decía en ocasiones: “Se me olvidó cómo eres”. Los regalos, dijo Sophy, “pueden ser un recordatorio físico de que regresan los padres”.

Nicole Rodrigues, una publicista en el área de la bahía de San Francisco, dijo que decidió que necesitaba algo que ayudara a su hija a manejar las ausencias – hasta de cinco días cada mes – una vez que empezó a viajar de nuevo por trabajo cuando su hija tenía cuatro años. Al principio, la hija no se relacionaba con los regalos que le traía: camisetas y chucherías.

Sin embargo, al final, a Rodrigues se le ocurrió la idea de los ositos de peluche con el nombre de las ciudades donde había estado. “Estos ositos fueron algo que realmente le gustó, y empezó a exhibirlos con orgullo”, contó Rodrigues. “Ahora que tiene nueve años, en lugar de molestarse porque me voy, espera el oso”.

Los regalos también pueden ayudar a crear “un buen momento de conexión emocional” que muchos padres ansían cuando regresan, notó Juliet B. Schor, una catedrática de Sociología en el Boston College y autora de “Nacidos para comprar. El niño comercializado y la nueva cultura del consumidor”.

Cambios de comportamiento
No obstante, a pesar de todos los beneficios, los presentes, en ocasiones, pueden alterar la dinámica entre padres e hijos. “Si se usa un regalo para compensar algo – culpa, mal carácter-, eso cambia la dinámica del poder”, señaló Ellen Galinsky, la presidenta y cofundadora del Instituto para la Familia y el Trabajo, quien ha entrevistado a padres e hijos sobre los viajes de trabajo.

“El hijo se coloca en el lugar del poder, y, al final, ello resulta en un peor comportamiento. Lo que lleva a los dames”. Más aún, Schor dijo, cuando los regalos “se vuelven algo común y esperado, no funcionan tan bien en la creación de esa experiencia positiva”.

Chas Edwards, el director de ingresos y de desarrollo editorial en Pixazza, la empresa de imágenes en la web, dijo que no le había traído regalos a su hija al regresar de un viaje de dos o tres días. La razón no es ideológica. “Mentiría si dijera que fue en contra del materialismo”, comentó. “Más bien, fue porque estuve bastante ocupado, nunca tuve tiempo”, dijo. Sin embargo, comentó que sintió que eso tenía validez cuando vio a sus amigos dar presentes. “El proceso pareció una especie de trueque con sus hijos para cubrir una dificultad en la vida familiar y puede echar a perder los rituales de los regalos por las festividades o los cumpleaños, que son mucho más divertidos”.

Los obsequios simplemente salen mal a veces. Eso pasó en ocasiones en la familia de Hyung Don Ryoo, un profesor adjunto de Biología Celular en la Universidad de Nueva York. “Siempre pensé que los regalos deberían ser algo que no se puede conseguir aquí”, dijo. De hecho, muchos expertos recomiendan que si se dan, los padres deberían traer algo pequeño que se relacione con el lugar al que fueron, para darles a los hijos una idea de dónde estuvieron los padres cuando estaban de viaje.

Sin embargo, Ryoo dijo: “Los chicos quieren dulces, lo que puede causar problemas”. Relató la vez en la que “les compré a las dos niñas un expendedor de chocolates M&M en forma de princesa”. Se rompió el brazo de uno de ellos, “y las niñas pelearon por el que funcionaba”, obsesionadas con el expendedor, no con el regreso del padre.

La verdad es que los viajes de trabajo pueden ser difíciles para las familias, y para los hijos en particular. Pueden temer por la seguridad del padre en lugares lejanos y desconocidos, y preocuparse, aunque sólo inconscientemente, de que los puedan abandonar una vez que salgan de la casa.

“Tenemos esta idea de que deberíamos proteger a los hijos de tiempos difíciles como éstos”, señaló Galinsky del Instituto para la Familia y el Trabajo. “Pero los niños no aprenderían cómo ser adultos si no aprendieran a manejar cosas difíciles”, incluidas las ausencias temporales de los padres.

Estos viajes de trabajo pueden ser experiencias de aprendizaje, dijo Galinsky. Ella recomienda decir esto a un hijo en ocasión de un viaje: “La última vez que me fui, la pasaste mal. ¿Qué te ayudaría para manejarlo?”. Enseñar a los hijos estrategias de adaptación “les proporciona la habilidad para saber cómo manejar los tiempos difíciles”, dijo Galinsky. “Y ese es un verdadero regalo”.

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