Jueves 03 de marzo del 2011 | 18:04 The New York Times

Una estadounidense al oído de Hugo Chávez

THE NEW YORK TIMES | CARACAS

“Soy un soldado de esta revolución. Haría lo que se me pidiera por este país”, asegura la  abogada estadounidense Eva Golinger, de 37 años, simpatizante del régimen venezolano.

“Soy un soldado de esta revolución. Haría lo que se me pidiera por este país”, asegura la abogada estadounidense Eva Golinger, de 37 años, simpatizante del régimen venezolano.

Entre usted a Librerías del Sur, una cadena de librerías estatales. Lea un periódico estatal. Encienda la televisión estatal. Escuche la radio estatal. Eva Golinger, una neoyorquina que habla español con un marcado acento estadounidense, parece estar en todas partes estos días, siempre hablando de las amenazas que hay contra la llamada “Revolución Bolivariana” de este país.

Acogida por el Presidente Hugo Chávez hasta tal grado que ella lo acompañó en su viaje reciente a Irán, Libia y Siria, Golinger, abogada que llegó por primera vez a Venezuela en la década de los 90 para investigar la historia de su familia, ha logrado crearse un nicho singular aquí: una estadounidense a la que el presidente escucha.

En sus escritos detalla lo que asegura son los esfuerzos de Washington para desestabilizar al gobierno venezolano, interpretando documentos obtenidos en Estados Unidos mediante la Ley de Libertad de Información. Editores de Venezuela y Cuba han impreso más de 200,000 copias de su libro, publicado en 2006, en el que describe sus acusaciones, “El Código Chávez”.

Desde entonces ha emergido como uno de los componentes más prominentes del creciente complejo de propaganda estatal de Venezuela. Atacada por los críticos del presidente, aparece en programas de televisión estatal cada vez que la tensión entre Washington se eleva más de lo habitual, como ocurrió recientemente en una disputa en torno a embajadores, para explicar los motivos que tiene el “imperio”, un término usado invariablemente para referirse a Estados Unidos.

También edita en idioma inglés una versión del Correo del Orinoco, el equivalente venezolano del diario cubano Granma, y mantiene un blog muy leído llamado "Postales de la Revolución", en el que aparece en una fotografía vestida de rojo, el color del movimiento chavista.

“Soy un soldado de esta revolución. Haría lo que se me pidiera por este país”, asegura, Golinger, de 37 años, entrevistada en un café cercano a su apartamento en el Distrito La Florida.

Su celo recuerda las oleadas previas de peregrinos políticos en América Latina provenientes de países más ricos, como los voluntarios que participaron en el corte de caña en Cuba en los años 60, o los sandalistas, los idealistas que acudieron en gran número a Nicaragua en la década de 1980 (calzados frecuentemente con sandalias) para mostrar de viva voz y en persona su adhesión a los sandinistas.

Golinger, sin embargo, dista mucho de ser una “sandalista”. No es para ella el modesto estilo de algunos otros izquierdistas estadounidenses trasplantados. En lugar de eso, ha dado grandes pasos hacia la vanguardia y emergido como un símbolo de la aguda polarización venezolana, con sus aseveraciones televisadas de conjuras de golpe y conspiraciones apoyadas por Estados Unidos.

Algunos que han sido afectados por las acusaciones de Golinger dicen que son el equivalente de una cacería de brujas.

“Galinger ha atacado sistemáticamente a los defensores de los derechos humanos y de la libertad de expresión, presentándolos como títeres de Washington, algo que está muy lejos de la verdad”, dice Andrés Canizalez, quien fue sometido al escrutinio de Golinger por haber encabezado un grupo pro libertad de prensa que recibía financiamiento de la National Endowment for Democracy.

“Paradójicamente, recurre a un derecho establecido en Estados Unidos, o sea, el acceso a la información pública, el cual no poseen los venezolanos”, dice Canizalez.

Su influencia aquí ha aumentado hasta el grado de que la Asamblea Nacional aprobó en diciembre la frecuentemente llamada “Ley Golinger”, un medida cuya intención es limitar el financiamiento extranjero a los grupos de derechos humanos, partidos políticos y otras organizaciones no lucrativas, algunas de las cuales se han mostrado críticas acerca de Chávez.

Su influencia se extiende hasta el propio Presidente Chávez. En octubre, acompañó a Chávez en una gira por siete países, que incluyó visitas a aliados de Venezuela como Mahmoud Ahmadineyad, presidente de Irán.

“Chávez me presentó ante Ahmadineyad como su defensora”, dice Golinger, quien describió al líder iraní como un hombre “gentil”, al que obsequió su libro durante una cena.

Regresó del viaje con su propia evaluación de otros aliados venezolanos como el Presidente de Bielorrusia, Aleksandr G. Lukashenko, quien es frecuentemente llamado el último dictador de Europa.

Después de conocer Lukashenko en persona, lo describió como “realmente agradable”. En cuanto a Bielorrusia en sí, dijo que sus críticos occidentales están equivocados porque “no es una dictadura”. Más bien, añadió, “es socialismo”. Elogió un pueblo de Bielorrusia al que visitó.

“La gente realmente está concentrada en su trabajo comunal y cosas así”, dijo.

Un asiento en el Airbus de Chávez no siempre estuvo al alcance para la mujer nacida con el nombre de Eve Golinger, en la Base Langley de la Fuerza Aérea, en Virginia. Su padre, un psiquiatra, fue oficial durante la Guerra de Vietnam. Creció sin hablar nunca español y asistió al Sarah Lawrence College, cerca de la Ciudad de Nueva York.

La curiosidad acerca de sus raíces la llevó a Venezuela en los años 90. Dice que la familia de su madre, una abogada estadounidense, había vivido en Cuba y Venezuela antes de inmigrar a la Ciudad de Nueva York a principios del siglo pasado. Galinger se asentó en Mérida, una ciudad de estudiantes en los Andes, cantando en una banda de rock para pagar el alquiler de su casa.

Después de varios años en Venezuela contrajo matrimonio con uno de los miembros de la banda y juntos regresaron a Nueva York, donde obtuvo un título universitario en Leyes en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Pero el matrimonio, dijo, se vio sometido a tensiones a medida que ella se involucraba cada vez más en las actividades en favor de Chávez.

“A él no le gustaba lo que yo estaba haciendo, y esa fue la razón de nuestro divorcio”, dijo Galinger. Después, ella regresó a Venezuela en 2005, tras obtener la ciudadanía venezolana en 2004 gracias a una legislación que, afirma, le permitió “reclamarla” por sus antecedentes familiares.

Críticos y partidarios de ella están de acuerdo en que ha influido en el debate público tanto aquí como en países vecinos. Si bien buena parte de su activismo se basa en desconfianza acerca del financiamiento estadounidense de grupos que criticaron a Chávez durante los caóticos sucesos que rodearon su breve expulsión del poder en 2002, gobiernos en otros países vecinos, entre ellos Bolivia, Ecuador y Perú, han acentuado su escrutinio de las fuentes de financiamiento de los grupos no gubernamentales.

“Nadie más ha podido generar tanta atención sobre los documentos desclasificados a lo largo de un periodo tan largo”, dice Jeremy Bigwood, periodista investigativo en Washington que colaboró con Golinger.

No obstante, algunos que han trabajado con ella cuestionan sus métodos. Antes de una votación en 2007 en torno a reformas constitucionales, ella ayudó a dar a la publicidad un documento que, dijo, fue interceptado por funcionarios venezolanos de contrainteligencia. En él se describía la “Operación Pinzas”, supuestamente una operación de tipo psicológico de la CIA con fines de desestabilización de Venezuela. “Suena como si lo hubieran sacado de un argumento de segunda de la televisión”, dijo Bigwood, preguntando por qué estaba escrito en español, no en inglés, y cómo un agente de campo de la CIA podía haber escrito directamente al director de la agencia. Lo comparó con una notoria falsificación británica en 1924 de una carta bolchevique, que acabó con el primer gobierno laborista. “Como la carta Zinoviev, fue una falsificación diseñada para cambiar el curso de una elección”, dijo Bigwood. Golinger calificó el episodio de la Operación Pinzas de “desafortunado”, diciendo que desde entonces ella se había hecho más escéptica de algunos documentos que le había pedido que analizara. En forma coincidente, los estadounidenses pronto tendrán más exposición a Golinger por conducto de Rusia. Este año empezó a ser anfitriona de un programa semanal llamado “Detrás de las noticias”, en español, para la operación de RT, una red de noticias multilingüe financiada por el gobierno de Rusia. El programa estará disponible en algunos canales de cable en Estados Unidos. Al mismo tiempo, dijo, planea seguir apareciendo en programas estatales de televisión como “La Hojilla”, un programa nocturno que el gobierno usa frecuentemente para atacar a sus críticos. Interrogada si considera apropiado emplear los medios estatales de comunicación para atacar a los críticos del régimen, replicó que los oponentes eran igualmente rápidos para burlarse del gobierno.

“No creo que sea un cuestión de validez”, dijo. “Es la realidad de la situación”.

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