Miércoles 11 de mayo del 2011 | 19:59 The New York Times

Muertes de niños provocan llamados a mejorar seguridad de persianas

The New York Times | NUEVA YORK

En un idílico día de agosto en 2009, Kathleen Leeson llevó a sus hijos a la iglesia, les dio de comer sobrantes de pizza y planeaba llevarlos al parque. Pero antes de que salieran, decidió poner a su hijo, Angel, de dos años de edad, a dormir una siesta. Poco después, su hija salió de la recámara y anunció que Angel estaba “durmiendo en la ventana con algo alrededor del cuello”.

Leeson, que vive en Montgomery Village, Maryland, lo encontró sin vida y colgando a tres centímetros del suelo, con un cordón de persiana alrededor del cuello.

“Yo gritaba su nombre y lo sacudía, y la comprensión me golpeó: Oh, Dios mío. Esto no puede estar sucediendo”.

Durante los últimos 25 años, los fabricantes de persianas han instalado dispositivos de seguridad y ofrecido consejos a los padres para tratar de minimizar los peligros de sus productos. Aún así, niños como Angel siguen estrangulándose con los cordones con sombría regularidad, un promedio de uno al mes.

Ahora, aguijoneada por una madre de Missouri cuya hija se estranguló con una persiana, la Comisión de Seguridad de Productos de Consumo (CPSC, por sus siglas en inglés) ha pedido a los fabricantes que ideen una forma de eliminar los riesgos de los cordones de las persianas o quizá enfrenten regulaciones obligatorias. Los críticos de la industria se quejan de que los fabricantes han sido lentos en abordar los riesgos de seguridad durante décadas, haciendo modificaciones menores o transfiriendo la responsabilidad a los padres de acortar los cordones o comprar dispositivos para atarlos. Hasta recientemente, los reguladores han hecho poco para aplicar sanciones, dicen.

En respuesta a la campaña más reciente de la comisión, la industria, que trabaja con un grupo de tarea de reguladores y defensores del consumidor, dice que presentará una solución para el otoño.

Pero las negociaciones han tenido un inicio incierto. Como algunas otras batallas regulatorias que involucran la seguridad del consumidor, ésta se reduce a una pregunta que da que pensar: ¿Cuánto debería pedirse a los fabricantes, y finalmente a los consumidores, que pagaran para evitar las lesiones o la muerte de un niño?

Los fabricantes de persianas han ofrecido varias soluciones que dicen reducirían los riesgos, pero los defensores del consumidor en el grupo de tarea dicen que son inadecuadas y han amenazado con renunciar.
“Yo entendía que estábamos eliminando el riesgo”, dijo Carol Pollack-Nelson, consultora de seguridad y miembro del grupo de tarea. “Ahora hablan de reducir el riesgo. No queremos una estrangulación reducida. Queremos que no haya posibilidad de ella”.

Los reguladores en la CPSC también rechazaron las propuestas de la industria, e instaron a los fabricantes a intentarlo de nuevo. Inez Tenebaum, la presidenta de la comisión, enfatizó que el personal de la comisión planea seguir negociando con los fabricantes para encontrar una solución.
“Vamos a permanecer en la mesa”, dijo Tenenbaum, y añadió: “Espero que todos se queden en la mesa”.

Lo que hace más irritante al debate sobre las persianas es que una solución ha estado disponible durante varias décadas: persianas sin cordones. Pero las persianas sin cordones son más difíciles de fabricar que las persianas con cordones y pueden costar considerablemente más en las tiendas, según algunas estimaciones hasta el doble.

Tenenbaum dijo que las persianas sin cordones eran parte de la solución. Pero el costo adicional, dijo, le ha llevado a presionar a los fabricantes para encontrar alternativas más baratas también, como cordones retráctiles o cordones que estén cubiertos y por lo tanto sean inaccesibles para los niños.

Ralph J. Vasami, director ejecutivo de la asociación de Fabricantes de Cubiertas para Ventanas, dijo que era poco realista esperar que la industria elimine todos los riesgos. Las persianas no son productos para niños, dijo, ni están defectuosas. Su grupo insta a los padres de niños pequeños a instalar persianas sin cordones.

“El objetivo es minimizar el peligro lo más posible”, dijo Vasami. “No sé si está a nuestro alcance eliminar todo riesgo de todos los productos”.

Vasami argumentó que los esfuerzos de la industria han tenido un efecto positivo, citando la tasa bastante estable de muertes por estrangulamiento aun cuando la industria ha crecido. Predijo que el número de muertes declinaría conforme productos más antiguos fueran reemplazados por aquellos con más elementos de seguridad.

“Simplemente véalo desde un punto de vista estadístico, habrá una reducción con el tiempo”, dijo.

Hay más de mil millones de persianas en Estados Unidos. Los estadounidenses compran nuevas persianas, en promedio, cada siete años, dijo Vasami.

Los defensores del consumidor y abogados afirman que los fabricantes han exagerado los costos de hacer persianas sin cordones. Pero en el enorme mercado de las persianas de bajo costo, incluso uno o dos dólares extra puede costar a un fabricante una participación de mercado preciosa, dijo James Onder, un abogado de St. Louis que ha representado a numerosos padres cuyos hijos han resultado lesionados o muertos por las persianas.

“Todos los fabricantes importantes tienen ahora diseños sin cordones alternativos”, dijo. “Cuando los ataco al respecto – Hey, tiene este diseño alternativo, ¿por qué no vende la persiana segura? _, dicen: Queremos vender a la gente lo que quiere”.

Añadió: “Lo que realmente están tratando de hacer es alcanzar un punto de precio bajo”. Afirmó que los fabricantes han testificado repetidamente en declaraciones que el costo adicional de hacer una persiana sin cordón es de entre uno y dos dólares.

El grupo de tarea de Tenenbaum está tratando de resolver lo que ha sido un peligro doméstico particularmente pernicioso. Aunque los fabricantes han adoptado medidas para minimizar el riesgo y algunos padres han seguido las instrucciones de seguridad, los niños han seguido encontrando formas de hacer una horca con los cordones de las persianas.

Por ejemplo, en Colorado, Mason Holitza, de 4 años de edad, empujó una mesa de plástico hacia una ventana y tiró del cordón para ponerlo alrededor de su cuello, aun cuando sus padres habían acortado el cordón y lo habían sujetado a un clavo. Mason sobrevivió, con graves quemaduras por el cordón en su cuello.

En California, Jessie y Michelle Hawk colocaron puertas para bebés e instalaron cubiertas de enchufes y seguros para las puertas de los gabinetes cuando nacieron sus trillizos; también ataron los cordones, fuera del alcance, en su sala infantil. Pero Jacob de 16 meses, uno de los trillizos, se las ingenió para alcanzar el cordón interno – para elevar los listones de la persiana – desde su cuna y enredarlo alrededor de su cuello, y el niño murió estrangulado.

En Maryland, Leeson dijo que había atado el cordón a un clavo cerca de la parte superior de la ventana. Pero su hija de cuatro años tiró de él parándose sobre una casa de muñecas, luego puso el cordón anudado en torno al cuello de un animal de felpa. “Angel debe haberlo visto y hecho lo mismo”, dijo Leeson.

Los reguladores han estado conscientes de los peligros de las persianas con cordones desde al menos principios de los años 80, cuando un estudio federal para determinar las causas de estrangulamiento infantil vinculó 41 muertes con cordones de colgaduras y persianas. Se ha intentado todo, desde advertencias hasta discontinuar ciertos estilos como las persianas horizontales con cordones para tirar que terminan en una lazada, y otras soluciones como un dispositivo desprendible.

Un fabricante, Comfortex, produjo un anuncio que destacaba su propia solución al problema de los cordones.

“En 1996, sólo una compañía ofreció una solución real al problema de lesiones debidas a los cordones”, dice el anuncio. “Mientras la industria buscaba formas de hacer los cordones más seguros, Comfortex encontró una forma de hacer persianas sin cordones”.

Linda Kaiser, que vive en los suburbios de St. Louis, dijo que nunca había oído de los cordones internos en las persianas cuando puso a dormir a sus mellizos de un año, Cheyenne y Seth, en sus cunas en 2002. Cuando echó un vistazo a los bebés antes de irse ella a la cama, Cheyenne estaba muerta. La niña fue encontrada sentada en la cuna con el cordón interior enredado en torno a su cuello.

“Sabía que había que poner los cordones fuera del alcance. Los había puesto encima de la cenefa”, dijo Kaiser, quien era asistente dental en ese entonces. “No sabía del estrangulamiento con los cordones interiores”.

Kaiser, de 38 años, que dio a luz a su cuarto hijo recientemente, una niña llamada Yahna Elisabeth, inició una larga campaña para educar a los padres sobre los peligros de los cordones de las persianas y para presionar a los reguladores para que establezcan estándares más estrictos. Ella y su esposo, Matt, co-fundador Padres para la Seguridad de las Persianas de Ventanas.

En 2009 sus esfuerzos redituaron. La comisión de seguridad retiró del mercado 50 millones de persianas romanas y enrollables después de que ella pasó años advirtiendo de sus peligros. Fue uno de los retiros del mercado más grandes en la historia, y algunos minoristas han dejado de vender esos tipos de persianas.

En cuanto al grupo de tarea, ella dijo que las propuestas presentadas por los fabricantes – como dispositivos de sujeción para los cordones – no siempre funcionan. Los dispositivos de sujeción pueden desprenderse de la pared, dejando una lazada en la que los niños pueden enredarse, añadió.

“Siento como si estuviera muy cerca”, dijo de los esfuerzos del grupo de tarea. “Esta es la mejor oportunidad que hemos tenido”.

Leeson, en Maryland, realizó una campaña aparte, convenciendo finalmente a la legislatura de Maryland de prohibir las persianas con cordones en las instalaciones de atención infantil y las casas de acogida, lo cual entró en vigor en octubre.

Dijo que luchar por la ley “me dio un propósito para levantarme cada día”.
Pero añadió que “nada de lo que suceda puede compensar lo que perdí, aun cuando haya una ley nacional que lleve su nombre”.

0001IGI
The New York Times

Diseño

© Copyright 2011. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.