Lunes 30 de abril del 2012 | 15:46 The New York Times

Sobre la privacidad en las redes sociales

The New York Times Service | NUEVA YORK

Cuando se escribe un comentario en Facebook sobre las repentinas ganas de comer queso azul, podría aparecer un anuncio sobre la prevención de la gota en la página. Si se escribe la frase “golosinas de tocino”, se podría obtener uno de un libro titulado “Lecciones prohibidas en una casa de huéspedes de Kabul”.

Los robots nos observan. Anuncian al mundo que acabamos de ver sillas Eames en Pinterest y que hemos escuchado a Taylor Swift y Conway Twitty en Spotify. Nos mandan anuncios etiquetados “ser conservador en Carolina del Sur” sólo porque revisamos nuestro correo electrónico en Charleston. Transmiten el hecho de que acabamos de leer un artículo titulado “Cómo satisfacer a la pareja en la cama”. Anuncian con trompetas – con una cantidad desmesurada de entusiasmo – que acabamos de anotar seis puntos en Words With Friends por formar la palabra “gato”.

Cuando el 9 de abril, Facebook compró Instagram, la aplicación de fotografías sociales para aparatos iPhone y Android, surgió un coro de inquietudes en la “Twittersfera”: Facebook tendría acceso a las fotos de los usuarios de Instagram. ¿Aparecería esa foto de la tía Letty en traje de baño en un anuncio de medias de compresión?

De acuerdo, algunas de estas invasiones a la privacidad son resultado de no haber batallado correctamente con la configuración de los controles de privacidad de la aplicación. Sin embargo, ¿desde cuándo la privacidad es una opción en lugar de un hecho? ¿Y por qué pareciera que moverse con dificultad por los voluminosos términos del servicio de una aplicación nueva o averiguar cómo activar la configuración de los controles de privacidad de un sitio requiere de un título universitario en letra chiquita?

Sí, el gobierno de Barack Obama presentó una iniciativa de declaración de derechos de privacidad por la cual se daría más control a los consumidores de los datos que se recopilan sobre ellos en internet, y muchas personas en el sector tecnológico apoyan un mecanismo para no hacer seguimientos que permitirían que los usuarios optaran porque algunas compañías, aunque no todas, guardaran información sobre su actividad en internet. Sin embargo, las invasiones a nuestra privacidad, algo escalofriantes, tipo Gran Hermano, siguen a ritmo acelerado. No es posible asolearse desnudo en este patio trasero sin mirar constantemente por encima del hombro.

Kate Rezucha, la gerente de comunicaciones internas de Esurance de San Francisco, distraídamente respondió “sí” a una pregunta sobre Yahoo cuando estaba en LinkedIn el año pasado. LinkedIn envió correos electrónicos a todos en la libreta de direcciones de Rezucha en Yahoo para decirles que ella los invitaba a unirse al sitio. “Le envió un correo electrónico a mi médico, mi dentista, mi contador fiscal – y diversos ex novios cuyas direcciones guardé quién sabe por qué razón”, explicó. “Tipos que realmente no me interesaba que pensaran que quería acercarme a ellos. Sin embargo, la peor parte fue todas las personas que se tomaron el tiempo para responderme personalmente con sus razonamientos sobre por qué no querían unirse a LinkedIn, o, peor, para preguntarme qué es LinkedIn. Se podría haber pensado que envié una cadena de correos con la amenaza de que si no se reenviaban se tendría muy, pero muy mala suerte”.

La experiencia de la comediante Sasheer Zamata fue aún más enervante. Hace poco sustituyó a su colega Justin Purnell como presentador y productor de “School Night”, un programa semanal de variedades en el teatro Upright Citizens Brigade de Nueva York. Cuando Zamata publicó en su sitio Tumblr: “Queridos todos, Gente U.C.B. y todos los demás a los que les importa: Justin Purnell se fue hace poco entregándome las llaves de School Night”, su “feed” de Twitter, enlazado a su Tumblr, cortó el mensaje después de las palabras “se fue”. Estalló un coro de inquietudes y desaprobación por parte de los amigos de Zamata, mismos que publicaron mensajes como: “NADA BUENO, SASHEER”.

Zamata dijo: “Lo que se suponía que debía ser un mensaje bonito se convirtió en una sesión algo frenética”. Agregó: “No es como cuando estaba en preparatoria y tenías que esperar a salir para difundir un rumor. Ahora, tus asuntos podrían haberse propagado antes de que siquiera tuvieras tiempo de volver a ponerte las pantaletas”.

El amor interrumpido es un lugar tierno para la temporalidad del ciberespacio: las fuerzas fantasmales de internet pueden hacer estragos especiales entre las personas que recientemente atravesaron por una separación o un divorcio.

Su cuenta de Gmail podría preguntarle si quiere incluir a su ex como destinatario del correo que está enviando. Es probable que Facebook – aun si su ex borró su cuenta y después sacó otra nueva – siga preguntándole si quiere tenerlo como amigo. Anna McCarthy, una profesora adjunta en la Universidad de Nueva York y autora de “The Citizen Machine: Governing by Television in 1950’s America”, dijo: “Puede ser mortificante ver la característica de 'clientes que también compraron’ en Amazon.com y ver que tu libro se colocó junto al de la persona que te robó a tu ex”.

Dos personas han realizado campañas especialmente desenfadadas contra las invasiones a la privacidad en internet. Michael Devine, un desarrollador de programas informáticos en Seattle, diseñó Exfoliate, un programa que permite borrar las propias publicaciones y comentarios en Facebook. (El programa es muy lento y se tarda unas 48 horas si se tienen 200 amigos.) A Devine se le ocurrió la idea de Exfoliate cuando revisaba Facebook antes de una entrevista laboral: “Hay un video en el que estoy disparando un uzi y riéndome. Es de un acto de recaudación de fondos para un elemento de un equipo SWAT que necesitaba un trasplante de médula ósea”.

Devine dijo: “Una vez que las personas piensan un poco en la existencia de un registro permanente, dejan de usar estos medios; lo cual es desafortunado porque estos medios pueden unir a familias que viven lejos, y hacer muchas otras cosas increíbles. Las firmas tecnológicas dicen: 'No impongan leyes, inhibirá la innovación. Pero lo contrario es cierto”.

Fred Stutzman, un investigador de posdoctorado en la Universidad Carnegie Mellon que creó a Freedom, el programa que deja fuera de internet a un usuario de una computadora por un lapso específico, realizó un experimento con otros dos investigadores en 2010. Al aplicar un programa de reconocimiento facial a retratos de voluntarios anónimos, Stutzman y sus colegas pudieron identificar a un tercero de los sujetos enlazándose a sus perfiles en Facebook. También pudieron averiguar los intereses personales de estos sujetos y, en algunos casos, partes de los números de la Seguridad Social. Stutzman dijo: “Hay un valor en la privacidad. Es el guardián de la sociedad en la formación de los prejuicios”.

Hay que considerar el caso de Jonathan Shayne, un asesor en inversiones en Nashville. Shayne interpreta a veces canciones paródicas de música “country” con el alias de Merle Hazard. Hace dos años, poco después de intercambiar correos electrónicos con el productor del programa Newshour de la televisión pública sobre diversos elementos de un video musical que habían hecho Shayne y Hazard para el programa – el vestuario, el ritmo de la canción, la coreografía _, empezaron a aparecerle anuncios sobre travestismo y transgenerismo.

Al preguntársele qué siente un varón heterosexual al recibir tales anuncios, Shayne dijo: “Es como salir del baño en toalla y darte cuenta de que la mucama entró en la habitación del hotel”.

Dados los poderes inexorables del Gran Hermano y su aparentemente infinita esfera de influencia, el futuro podría albergar cada vez más rebeldía tipo guerrilla. Ciento noventa y tres países renegociarán el tratado de las Naciones Unidas, llamado Reglamento de las Telecomunicaciones Internacionales, en una cumbre a finales de año en Dubái; entre tanto, algunos de los nativos se impacientan. Parte del fuego es fuego amistoso: Tim McHenry, el director de programas públicos en el Museo Rubin en Nueva York, estuvo en un debate en la Universidad de Columbia hace varias semanas cuando recibió un texto que decía: “¡¡¡Hey Cathy!!! ¡¡¡Nunca me enteré que cambiaste de número y he estado enviando mensajes al antiguo como un millón de veces!!! Igual me perdí las dos últimas conferencias sobre el siglo XIX. ¿Qué artistas se cubrieron?”. McHenry respondió en broma: “Degas, Renoir y no puedo acordarme del otro tipo”. A lo que su mensajista misterioso contestó: “¡¡A poco!! ¿Cubrimos a los impresionistas?”.

Resultó que el tema del debate fue: “¿Las conexiones del cerebro nos hacen ser quienes somos?”. Como dijo McHenry: “¡Hablando de conexiones cruzadas”.

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