Martes 01 de mayo del 2012 The New York Times

Cada vez más hijos de inmigrantes abandonan Estados Unidos

The New York Times Service | NUEVA YORK

NUEVA YORK. Samir Kapadia parecía ascender en Washington, pasando de una pasantía en el Capitolio a empleos en una importante fundación y una consultoría. El año pasado, renunció al empleo y se mudó a Bombay.

NUEVA YORK. Samir Kapadia parecía ascender en Washington, pasando de una pasantía en el Capitolio a empleos en una importante fundación y una consultoría. El año pasado, renunció al empleo y se mudó a Bombay.

Samir Kapadia parecía ascender en Washington, pasando de una pasantía en el Capitolio a empleos en una importante fundación y una consultoría. No obstante, sus días, sentía, se habían vuelto rutinarios.

Entre tanto, amistades y familiares en India, su país de origen, todos en sus primeros veinte años, le contaban sobre sus vidas en ese país que recién avanza. Uno estaba creando un negocio de comercio electrónico; otro, una firma de relaciones públicas; otros más, una revista, una incubadora de negocios y un sitio web de chismes y acontecimientos.

“Estaba ahí, en Facebook y en el teléfono, y escuchaba que empezaban todas estas compañías y hacían todas estas cosas dinámicas”, recordó Kapadia, de 25 años, quien nació en India, pero creció en Estados Unidos. “Y empecé a sentir que mi trabajo ya no era suficientemente bueno”.

El año pasado, renunció al empleo y se mudó a Bombay.

En números crecientes, hijos de inmigrantes en Estados Unidos, con alto nivel académico, se están desarraigando y mudando a sus países ancestrales, dicen expertos. Abrazan patrias que sus padres desdeñaron alguna vez, pero que hoy son potencias económicas.

Algunos, como Kapadia, llegaron a Estados Unidos cuando eran niños pequeños, se naturalizaron, mientras que otros nacieron en Estados Unidos de padres inmigrantes.

Los estadounidenses emprendedores siempre han buscado oportunidades en ultramar. Sin embargo, esta nueva oleada subraya la naturaleza evolutiva de las migraciones mundiales, que presenta desafíos a la supremacía y competitividad estadounidenses.

En entrevista, muchos de estos estadounidenses dijeron que no saben qué tanto tiempo vivirían en otro país; algunos dijeron que es posible que fueran expatriados muchos años, si no es que por el resto de su vida.

La decisión de irse ha molestado a sus padres inmigrantes en muchos casos. No obstante, la mayoría dijo que los empujó la pésima situación de las contrataciones en Estados Unidos o los atrajeron las perspectivas en otras partes.

En busca de oportunidades
“Los mercados se están abriendo, a la gente se le ocurren ideas todos los días, hay tantas oportunidades que moldear y crear”, dijo Kapadia, ahora un investigador en Gateway House, una nueva organización de investigación de políticas exteriores en Bombay. “La gente aquí corre mucho más aprisa que la gente en Washington”.

Por generaciones, los países menos desarrollados del mundo padecieron una fuga de cerebros – cuando muchos de sus ciudadanos más brillantes y mejores se iban a Occidente. Eso, claro no se ha detenido. Sin embargo, ahora inició un flujo inverso, en particular, en países como China e India, y en menor grado, Brasil y Rusia.

Algunos académicos y dirigentes empresariales sostienen que esta emigración no necesariamente es mala señal para Estados Unidos. Dicen que los jóvenes profesionales, emprendedores y con alto nivel académico, siembran conocimientos y habilidades estadounidenses en ultramar. Al mismo tiempo, estos trabajadores adquieren experiencia en el extranjero y construyen redes que pueden llevarse de vuelta a Estados Unidos u otras partes, un patrón conocido como “circulación de cerebros”.

Sin embargo, los expertos advierten que en una carrera mundial por el talento, el retorno de estos expatriados a Estados Unidos y sus empresas ya no es una apuesta a la segura.

“Estos son los veloces, son los que, en cierto sentido, seguirán a las oportunidades”, comentó Demetrios G. Papademetriou, el presidente del Instituto de Política Migratoria, una organización sin fines de lucro en Washington, que estudia los movimientos poblacionales.

“Sé que habrá personas que discutirán sobre la lealtad, etcétera, etcétera”, dijo Papademetriou. “Sé que cuando te vas a la guerra, importa la lealtad. Pero esto es un tipo diferente de guerra que nos afecta a todos”.

El gobierno estadounidense no recopila datos sobre la emigración de hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos, o sobre quienes nacieron en el extranjero pero llegaron al país cuando eran niños pequeños.

Sin embargo, varios expertos en migración dijeron que el fenómeno es significativo y está aumentando.

“Ya superamos con mucho la evidencia anecdótica”, señaló Edward J.W. Park, el director del Programa de Estudios Estadounidenses Asia Pacífico en la Universidad Loyola Marymount en Los Angeles.

Señaló que el impulso de esta emigración proviene de las campañas de gobiernos de ultramar para atraer talento extranjero ofreciendo incentivos de empleo, inversión, impuestos y visas.

“Así es que no son sólo los individuos los que toman estas decisiones”, dijo. “Son los gobiernos que promulgan políticas estratégicas para facilitarlo”.

Buscando sus raíces
Funcionarios en India dijeron que han visto un incremento marcado en la llegada de personas de ascendencia india en los últimos años, incluidos al menos unos 100,000 tan sólo en 2010, dijo Alwyn Didar Singh, un ex funcionario sénior en el Ministerio de Asuntos Indios en Ultramar.

Muchos de estos estadounidenses han podido afianzar redes familiares, habilidades en los idiomas y conocimiento cultural obtenidos al haber crecido en hogares inmigrantes.

Jonathan Assayag, de 29 años, un brasileño-estadounidense nacido en Río de Janeiro y criado en el sur de Florida, regresó a Brasil el año pasado. Graduado de la Escuela de Negocios de Harvard, trabajó en una compañía de internet en Silicon Valley y trató infructuosamente de desarrollar un negocio.

“Pasé cinco meses pasando mis fines de semana en Starbucks tratando de idear una empresa emergente en Estados Unidos”, recordó.

Todo el tiempo, amigos de Harvard lo exhortaron a hacer un cambio. “Me decían: 'Jon, ¿qué haces? ¡Vete a Brasil y empieza un negocio allá!'”, contó.

El año pasado, se reubicó a Sao Paulo y se convirtió en un “emprendedor interno” en una importante firma brasileña de capital de riesgo. Está comenzando un negocio de anteojos en la web.

“Hablo el idioma, entiendo la cultura, comprendo cómo hace negocios la gente”, notó.

Calvin Chin era un emprendedor chino-estadounidense, nacido en Michigan, que solía vivir en San Francisco donde trabajaba en empresas emergentes de tecnología y su esposa era decoradora de interiores. Su madre era de China, al igual que sus abuelos paternos. Los padres de su esposa son de Taiwán.

Ahora están en Shanghái, donde Chin inició dos compañías – un servicio de préstamos para estudiantes en internet y una incubadora de empresas emergentes de tecnología. Su esposa Angie Wu ha trabajado como columnista y presentadora en televisión, y tienen dos niños pequeños.

“La energía aquí es fenomenal”, dijo Chin.

Reetu Jain, de 36 años, una india-estadounidense criada en Texas, se inspiró para mudarse a India mientras viajaba en ultramar durante las vacaciones de su empleo de auditorías. A todas partes a las que fue, contó, conoció personas que regresaban a sus países de origen y sentían la “energía creativa” en el mundo en desarrollo.

Su esposo Nehal Sanghavia, un abogado indio-estadounidense, y ella se mudaron a Bombay en enero de 2011. Sin embargo, en lugar de continuar con la contabilidad, cambió de profesión. Abrazando una pasión de larga data, ahora trabaja como instructora de baile y coreógrafa, y ha aparecido en anuncios de televisión y en una película de Bollywood.

“Estamos rodeados de personas que simplemente quieren probar algo nuevo”, dijo Jain.

Para muchos de estos emigrantes, la decisión de reubicarse ha confundido – e, incluso, hecho enojar – a sus padres inmigrantes.

Cuando Jason Lee, quien nació en Taiwán y se crió en Estados Unidos, dijo a sus padres que quería conocer Hong Kong cuando estaba en la universidad, su padre se negó a pagar el boleto de avión.

“Su mentalidad era: '¿Trabajé tan duro para traerte a Estados Unidos y ahora quieres regresar a China?'”, recordó Lee de 29 años.

Desde entonces, Lee comenzó un negocio de importaciones y exportaciones entre Estados Unidos y China, estudió en Shanghái, trabajó en bancos de inversiones en Nueva York y Singapur, y creó un sitio web de búsqueda de empleos internacionales en India. Ahora trabaja en una firma de inversiones en Singapur. Su padre ya no se opone tanto.

Margareth Tran – cuya familia siguió un camino durante dos generaciones desde China hasta Estados Unidos pasando por Camboya, Tailandia, Hong Kong y Francia – dijo que a su padre le disgustó su decisión de reubicarse en 2009.

“Es un poco una locura para él que yo quisiera mudarme a China”, dijo Tran, de 26 años, quien nació en Francia y llegó a Estados Unidos cuando tenía 11 años. “Quiere que tenga todos los beneficios que hay en un país primermundista”.

Sin embargo, tras graduarse de la Universidad Cornell en 2009 en el punto máximo de la recesión, no pudo encontrar empleo en Wall Street, una ambición de larga data. Se mudó a Shanghái y encontró un trabajo en una consultoría en administración, de dueños chinos.

“Nunca había puesto un pie en Asia, así es que parte de la razón era retornar a mis raíces”, comentó.

Tran dijo que no sabe por cuánto tiempo se quedará fuera de Estados Unidos. Señaló que está abierta a varias posibilidades, incluida la de mudarse a otro país, tener una vida parte en China y parte en Estados Unidos, o quedarse en China en forma permanente.

Su padre aceptó su enfoque con renuencia.

“Le dije: 'Voy a tratar de hacerla en China, y si me funcionan las cosas en China, entonces realmente podré tener una carrera grandiosa’”, contó. “No me retuvo”.

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