Domingo 03 de febrero del 2013 | 15:21 The New York Times

La Patagonia chilena ofrece maravillas naturales y hoteles de lujo

The New York Times Service

Es una buena idea contactar a una agencia de viajes para planear la estancia y manejar los traslados en la Patagonia, al sur de América.

Es una buena idea contactar a una agencia de viajes para planear la estancia y manejar los traslados en la Patagonia, al sur de América.

Después de cuatro horas de una excursión extenuante, apenas habíamos llegado al pie de los Torres del Paine. Se pueden ver los tres monolitos de granito desde lo que parecen ser cientos de kilómetros de distancia (y en casi todas las postales de la Patagonia), pero sólo se reveló la magnitud completa de las fachadas después de la última vuelta del sendero montañoso. Nos sentamos, jadeando, a contemplar el lago cristalino, verde mármol, en la cumbre, a más de 2,743 metros, que mira hacia el cielo. A pesar de su tamaño, estar tan cerca de ellos daba la sensación de una extraña intimidad.

La Patagonia, la zona de aproximadamente 1,269,094 kilómetros cuadrados en el extremo sur de Sudamérica, compartida por Chile y Argentina, había estado en mi lista de deseos por más de 20 años. Al abarcar el tramo sur de los Andes y extenderse hacia los océanos Pacífico y Atlántico, abarca la campiña barrida por el viento, los espectaculares lagos glaciales y las cordilleras. Supe de ella por “In Patagonia”, de Bruce Chatwin (1977), cuando estaba en secundaria. Su descripción de “los trozos de nubes plateadas que giran por el cielo y el mar de matorrales espinosos de color gris verdoso, tumbados en extensiones para luego levantarse en terrazas, y el polvo blanco que sale de las ollas de sal”, me llevaron tanto al sitio como, de muchas formas, a la propia profesión de escribir sobre viajes.

Luego, hace poco, la noticia de que Chile trata de integrar una de las redes más impresionantes y de amplio alcance de parques privados y públicos en el mundo, hizo que fuera aún más atractivo. Y el año pasado se inauguraron dos centros vacacionales de lujo en la parte chilena de la Patagonia, algo que no sucedía en una década. Supe que había llegado el momento.

La Patagonia está al final de la Tierra, y así se siente, en especial si se lleva a un pequeño de dos años. Primero, abordamos un vuelo nocturno que salió de Houston rumbo a Santiago. Luego, hay un vuelo de cuatro horas a Punta Arenas (a menos que usted pueda derrochar en un avión privado para ir a Puerto Natales), y luego cuatro horas en coche al Parque Nacional Torres del Paine, hasta llegar al comienzo de los senderos.

Sin embargo, la longitud del viaje se sintió romántica, en realidad. A lo largo de la carretera llana y recta de Punta Arenas podíamos pasar una hora sin ver nada que no fueran ovejas a las que el pasto amarillo cubría hasta la panza, o, quizá, una granja solitaria o un solo gaucho seguido por una jauría.
Desde los días de Bruce Chatwin, el mundo se ha hecho más pequeño y más familiar, y, no obstante, la Patagonia conserva una sensación anacrónica de estar verdaderamente lejos.

Claro que el desarrollo se ha ido metiendo, y el impacto de más visitantes que nunca antes es evidente, en especial en los senderos más populares. Fue en este parque, hace apenas poco más de un año, que un excursionista inició un incendio devastador que quemó por lo menos 10,926 hectáreas de áreas verdes. Cuando llegamos hasta ahí a principios de febrero, ya habían reabierto el parque, aunque con kilómetros y kilómetros de cicatrices ennegrecidas.

No fuimos al parque inmediatamente. Nuestra primera parada fue el hotel Singular Patagonia, a cerca de una hora de la entrada al parque, en lo que fuera una empacadora de carne que data de 1915. El edificio se ubica junto a la ciudad de Puerto Natales, y sus ventanales de piso a techo dan al fiordo Última Esperanza. Un proyecto de restauración que tomó 10 años llevó tinas independientes y camas extra grandes a un edificio, que aún se siente algo inhóspito, con largos corredores que serpentean más allá de las enormes reliquias de hierro de la época industrial. Para sumarse a la sensación de fin de la mundialidad, un viento casi constante parece silbar a través de las habitaciones mientras las olas rompen a lo largo del muelle de madera.

Los primeros colonos que llegaron con sus rebaños a finales del siglo XIX enfrentaron inviernos que los aislaron del resto del mundo durante meses seguidos, e, incluso, ahora, a pesar de los pisos climatizados y la comida excelente, el tiempo sigue rigiendo. El viento había levantado a un ornitólogo esa mañana (afortunadamente, no resultó herido), y las elevadas olas evitaron que las embarcaciones llevaran a grupos a ver el glaciar. Así es que decidimos montar a caballo, una expedición vigorizante y estimulante al lado de las montañas, junto al lago Sofía, donde las nubes parecían corretear al sol por todo el cielo.

Más cerca de la propia entrada al parque, el nuevo Tierra Patagonia es uno de los centros turísticos más inspiradores arquitectónicamente y ubicados a la perfección, que yo haya visto. La estructura larga y delgada abraza a la planicie como se fuera una enrome ala de madera y vidrio remontado. Más allá, el lago Sarmiento brilla a la distancia con los enormes picos Torres del Paine detrás.

El edificio se diseñó de tal forma que las ventanas tienen una vista en cambio constante; la luz, las nubes y las tonalidades de la tierra parecen diferentes a cada momento. A través de una gran extensión de vidrio, el sol baña con luz natural al interior. Por la noche, una enorme fogata arde en una chimenea en el centro del área comunitaria abierta. Zaleas y robustos brazos de sillones dan al lugar un ambiente ligeramente gaucho, y un mapa enorme con dibujos de fiordos y animales ofrece una referencia sobre las actividades del día siguiente.

Una de las excursiones por las que nos decidimos no era negociable: subir a la base de los Torres del Paine. Dejamos a nuestro hijo con el amistoso personal del hotel (aunque al ver a una mujer que prácticamente corría a toda velocidad con su hijo de dos años atado al frente me haría sentir como una peso ligero). Luego, salimos con Felipe, nuestro guía local, junto con dos guapos hermanos de Texas.

En el recorrido en coche hasta el punto de partida de la excursión, pensé que si Nueva Zelanda no hubiera sido la locación para la película “The Lord of the Rings”, esto habría sido una elección natural. Las áreas de pastoreo estaban llenas de manadas de guanacos (unas criaturas parecidas a las llamas), rugientes cascadas caían por los peñascos, y las cordilleras se levantaban a la distancia.

Nuestro grupito ascendió pasando por los distintos microclimas. La mayor parte del tiempo estuvimos en silencio, concentrados en nuestros pasos, pero conversábamos ocasionalmente. El fuego estaba en la mente de Felipe. Lo que parecía irritarlo más era el hecho de que el excursionista no siguió las reglas del parque. Tierras invaluables quedaron ennegrecidas y chamuscadas, y aunque los matorrales vuelven, los efectos del incendio continuarán por décadas.

Después de la excursión de todo el día, desde la alberca cubierta del Tierra Patagonia, observé la puesta del sol detrás de los tres picos a los que acabábamos de ver de cerca. Han sido pocas las veces en las que he estado en un lugar donde la naturaleza parecía tan inmaculada. A pesar del incendio reciente, todavía sentí que había pocos lugares en el planeta tan verdaderamente prístinos.

Planear al viaje para llegar al final del mundo
Es una buena idea contactar a una agencia de viajes para planear la estancia y manejar los traslados en la Patagonia. Y, ya que las llegadas de los aviones y las excursiones al parque dependen con frecuencia del tiempo, ayuda tener a alguien que pueda auxiliar en cualquier circunstancia imprevista. Cazenove (MAS) Loyd ofrece viajes a la zona y puede recomendar excursiones por adelantado, dependiendo del nivel de actividad e intereses de cada quien (cazloyd.com; desde 780 dólares diarios por persona, incluidos alojamiento y comidas, excursiones, traslados y cuotas del parque).

El verano en Patagonia es de diciembre a marzo y es la temporada alta; el invierno presenta un tiempo más temperamental, pero hay menos excursionistas en los senderos.

Dónde hospedarse
Al principio, las tarifas de los hoteles parecen altas, pero una vez que se desglosan en habitación, alimentos, excursiones y traslados, resultan razonables, en especial si se considera la experiencia. Justo afuera de Puerto Natales, el hotel Singular Patagonia está a hora y media del Parque Nacional Torres del Paine, pero proporciona acceso a fiordos y glaciares cercanos, así como a la Cueva del Milodón (el hogar del mamífero prehistórico que inspiró el viaje de Bruce Chatwin). Las tarifas de la opción todo incluido (también las hay de sólo alojamiento y alimentos) son desde 610 dólares por persona, e incluyen todas las comidas en el excelente restaurante, expediciones y bebidas y licores (thesingular.com; 56-61-722-030).

Justo afuera del Parque está el Tierra Patagonia, ubicado y diseñado a la perfección, y tiene un spa maravilloso (tierrapatagonia.com; 56-2-2370-5301); una estadía de tres noches (como mínimo) empieza en 1,950 dólares por persona en habitación doble. No obstante, el restaurante todavía necesita algo de trabajo para que esté al nivel de los cercanos del Singular y el Explora.

Inaugurado en 1993, el Explora Salto Chico sigue siendo el abanderado de la región. Ubicado en el corazón del parque, a la orilla de una cascada, frente a la cordillera, el alojamiento en la propiedad y el restaurante excelente están intactos a pesar de algunos daños que provocó el incendio reciente en los alrededores inmediatos. Los guías también han trabajado duro para encontrar nuevos senderos (explora.com; 56-2-2395-2800); una estancia de cuatro noches (como mínimo) empieza en 2,780 dólares por persona en habitación doble, incluye alojamiento y comidas, y excursiones con guías.

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