Miércoles 06 de febrero del 2013 | 12:26 The New York Times

Después de cuatro años, amigos ven cambios en Michelle y Barack Obama

The New York Times Service | NUEVA YORK

Imagen de los Obama tras la reelección de noviembre del 2012. Fue una de las fotografías más retuiteadas en el mundo.

Imagen de los Obama tras la reelección de noviembre del 2012. Fue una de las fotografías más retuiteadas en el mundo.

Barack y Michelle Obama han pasado más de mil días exhibiéndose ante los ojos del mundo, pero los cambios personales que han experimentado pueden ser difíciles de detectar.

De cerca, sin embargo, quienes conocen a los Obama dicen que pueden ver una acumulación de pequeños cambios en el presidente y la primera dama desde que recorrieron la ruta del desfile de toma de posesión hace cuatro años. El hombre que quería cambiar la naturaleza de Washington ahora advierte a los candidatos al puesto que es difícil lograr que algo se haga ahí.
No hace tanto tiempo, dijo a otros que no necesitaba una biblioteca presidencial, un tributo a sí mismo que costaría cientos de millones de dólares. Ahora una exasistente, Susan Sher, está analizando discretamente las posibilidades para él en Chicago.

La primera dama que quería forjar conexiones con su nueva ciudad encontró que incluso ver los cerezos en flor requería un sombrero, lentes de sol y un adulador Servicio Secreto. En una demostración de cuán difícil puede ser que algún presidente o primera dama mantenga relaciones, Michelle Obama dejó de aceptar a muchachas en un programa de tutoría que fundó debido a las preocupaciones de que otras adolescentes envidiaran a las tutoradas afortunadas, según una asistente.

Cuando el presidente regresaba de consolar a las familias de las maestras y los niños asesinados en la matanza de Newtown, Connecticut, – lloró cuando le entregaron las fotos y le contaron las historias de una víctima tras otra _, los colaboradores pudieron ver en su rostro el costo de absorber los traumas de la nación. “Esto es lo que yo hago”, les dijo.

“Este puesto le ha costado quizá más a nivel personal, incluso enérgico, que a la mayoría de sus predecesores, porque era más totalmente un forastero”, observó el dramaturgo Tony Kushner, un simpatizante que recientemente cenó con el presidente para discutir la película “Lincoln”, para la cual Kushner escribió el guión.

Los Obama han ganado y perdido en sus primeros cuatro años en la Casa Blanca, convirtiéndose en profesionales expertos en vez de recién llegados, más convencionales, con un sentido de la posibilidad contraído. Son personajes estables, no dados a la auto-reinvención en serie, sin embargo en entrevistas, actuales y anteriores colaboradores de la Casa Blanca y la campaña, donadores y amigos de Chicago dijeron que podían ver cómo sus papeles habían afectado al presidente y a la primera dama.

Al describirlos, usaron frases como: más confiados pero más llenos de cicatrices. Más aislados. Menos titubeantes al dar instrucciones a los miembros del personal, ya sean los mayordomos o los asesores de más alto nivel. Gratificados por la reelección, la cual los Obama consideran una dulce reivindicación, y más empecinados cuando se trata de derrotar a los republicanos. Y Obama ha aprendido que su presidencia tomará la forma de acontecimientos no anticipados; “langostas”, les llamó un excolaborador, por la forma en que aparecen en multitud sin advertencia previa.

Barack Obama nunca quiso ser un político común – hubo una época en que Michelle Obama apenas usaría ese sustantivo para describir a su esposo – y sus asesores se resisten a la idea de que haya sucumbido a la práctica común de Washington. Algunos donadores y colaboradores responden con una risa que expresa un “ojalá” a la idea de que la pareja ahora sigue un ritual político más estrechamente: Este es un presidente que aún no ha invitado a Bill y Hillary Rodham Clinton para cenar pero celebra almuerzos para discutir filosofía moral con el Premio Nobel Elie Wiesel.

“Piensa en el destino en términos humanos”, dijo Wiesel en una entrevista.
Sin embargo, otros dicen que los Obama se han vuelto conversadores más relajados, más cómodos con la línea porosa entre lo político y lo social, más dispuestos a revelarse. Recientemente han empezado a invitar a más personas externas al área que conforma su residencia privada, incluidos Kushner, Steven Spielberg y Daniel Day-Lewis en la cena para hablar de “Lincoln”. En una cena a fines de noviembre para agradecer a importantes recaudadores de fondos de campaña, la pareja presidencial se comportaron como novios, bromeando y recorriendo de mesa en mesa para aceptar felicitaciones y buenos deseos para los años por venir, haciendo bromas ágiles que los invitados no repitieron para ser publicados.

Lo que el presidente de Estados Unidos quiere lograr en este mandato es bastante claro: un acuerdo fiscal y revisiones de las leyes de tenencia de armas y de inmigración. Pero lo que la primera dama quiere es más un misterio. En casi todas sus apariciones, suena cordial, poco pretenciosa; recientemente, continuó su charla en Twitter con Ellen DeGeneres sobre quien puede hacer más flexiones.

Ese tono informal puede encubrir lo disciplinada que es. Aunque muchos de los que rodean a los Obama dicen que ella ha cambiado mucho más que su esposo, dominando un papel que inicialmente encontró incómodo, sigue tratando al puesto de primera dama como un terreno peligros por el cual debe transitar con seguridad. La mujer que nunca quiso vivir en la burbuja ahora la usa para protegerse, según amigos y ex colaboradores, preparando sus actividades públicas con planes estratégicos de seis y 12 meses, diciendo rara vez algo fuera de guión. Las primeras damas son a menudo personajes de consuelo, pero ella no abordó la tragedia de Newtown, salvo en dos breves cartas que publicó, aun cuando algunos de sus fanáticos estaban reclamando que la auto-descrita como “mamá en jefe” hiciera más.

En las últimas semanas, Michelle Obama y sus asesores han estado discutiendo si ampliar su trabajo más allá de la obesidad infantil y las familias de los militares y cómo capitalizar su popularidad. Recientemente, se involucró en el nuevo esfuerzo de su esposo para organizar a sus simpatizantes, lanzando el grupo, Organizing for Action, en un anuncio en video. (El ambicioso esfuerzo no pareció recibir tanta atención como su nuevo corte de cabello, el cual provocó titulares como “El flequillo de Michelle Obama causa una total consternación en el sistema”.

La primera dama no puede esperar demasiado para establecer un nuevo rumbo: Los Obama ahora tienen más tiempo detrás de ellos en la Casa Blanca que frente a ellos. Los rituales que introdujeron ahora son cuestiones de tradición en vez de innovación. En la Séder de la Casa Blanca de los Obama, el pequeño grupo de asistentes principalmente afroamericanos y judíos lee la Proclamación de la Emancipación justo antes de dar la bienvenida a Elijah, igual que el año anterior. El presidente jugó basquetbol el Día de la Elección de 2012, como lo hizo en la mayoría de los días de votación en 2008. Pero esta vez se sintió diferente: los hombres más viejos, la acción más lenta, un juego de reencuentro con todos hablando de los viejos tiempos, dijo John Rogers Jr., un viejo amigo que se les unió.

Toda la carrera de Barack Obama ha girado en torno de subir al siguiente escenario: Si sólo pudiera convertirse en abogado, y luego en funcionario público, y luego en senador de Estados Unidos, y después en presidente, pudiera crear un verdadero cambio. Pero pronto no habrá un puesto más elevado a donde ascender, y, dicen colaboradores, hay una cualidad de eficiencia total en los Obama ahora, en contraste con la sensación de posibilidad que pendía sobre la primera toma de posesión. Al inicio de su presidencia, Obama en ocasiones pasaba horas puliendo los discursos ceremoniales, como el del bicentenario de Abraham Lincoln; ahora, el presidente tiene un sentido más finamente pulido de cómo usar su precioso tiempo, dijo Adam Frankel, un exredactor de discursos. Cuando Obama abandonó el escenario la noche de la elección, no hizo una pausa para regodearse; en vez de ello, quiso hablar sobre el impacto del gasto externo en las contiendas congresionales de esa noche, dijo Patrick Gaspard, el director del Comité Nacional Demócrata.

Pero Obama también sabe ahora que no tiene el control total de su destino, que la presidencia continuará atrayendo tareas que nadie pudiera anticipar jamás. Se supone que los Obama pasarían la noche del 16 de diciembre disfrutando el recital de “El Cascanueces” de su hija Sasha. En vez de ello, el presidente estaba haciendo llamadas de condolencias en salas acordonadas en la Newtown High School.

“No existen las palabras” para describir el pesar en su rostro cuando se acercó a las familias, dijo Sarah D’Avino, cuya hermana Rachel murió protegiendo a sus estudiantes. El presidente pidió a cada familia que describiera al pariente que murió, poniendo especial atención a las madres de las víctimas. Los padres de luto le entregaron fotografías para que llevara a la Casa Blanca, y él les dijo que los niños eran hermosos, que las maestras eran heroínas nacionales.

Momentos después, estaba sonriendo, en respuesta a una indicación. Uno de sus fotógrafos estaba a la mano, como siempre, y a pesar de todo, los dolientes querían fotos con el presidente.

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