Sábado 23 de marzo del 2013 Agropecuarios

Plantas medicinales se exportan de 234 parcelas familiares

Marlen Bernal Muñoz | Riobamba

RIOBAMBA, Luis Sisa en menos de una cuadra de tierra produce plantas medicinales para mantener a su familia.

RIOBAMBA, Luis Sisa en menos de una cuadra de tierra produce plantas medicinales para mantener a su familia.

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El cultivo de la menta, el llantén, la manzanilla, borraja, hierbabuena y muchas plantas medicinales volvió la esperanza a 234 familias indígenas en la provincia de Chimborazo.

Luis Sisa indicó que no se habían dado cuenta de que en sus parcelas podían tener una botica natural y vivir de ella.

Él es uno de los agricultores que entregan su producción a la Asociación Jambi Kiwa, creada por un grupo de mujeres que decidió dar alternativas a los agricultores de la zona y salud a sus familias y a quienes recurren a la medicina natural.

Luis entrega mensualmente a la asociación su producción en verde. Allí le compran el kilo a $ 0,30, lo que apoyado con la producción de especies menores le da un promedio mensual de $ 250, con lo que viven tres personas en su familia.

“Tengo un pequeño terreno al que he dado buen uso. Si nos dieran más capacitación y crédito lograríamos vivir en mejores condiciones, pero gracias a la asociación hemos podido quedarnos en el campo”, dice el productor.

Francisca Ochoa, agricultora de la comunidad de Cuatro Esquinas, quien además de ser cultivadora se convirtió en promotora, argumenta que con el trabajo de las plantas medicinales más el trabajo de su esposo sostienen a 11 miembros de la familia. Estima que con lo ganado mensualmente por los dos llegan a un salario de 600 dolares para sostener a su núcleo familiar.

Desde que inició labores con la organización, afirma, logró mejorar su nivel de vida y ahora es promotora para ayudar a otros a mejorar sus ingresos.

Rosa Guamán, fundadora del proyecto y directora ejecutiva, explicó que no ha sido una tarea fácil. Un grupo de mujeres se unió para buscar alternativas para sus familias con trabajos productivos. “Pensamos que nuestros ancestros nos dejaron un gran legado que debemos empezar a trabajar, ese legado es el conocimiento de todas las características de las plantas y su función en el organismo”, expresa.

También nos enseñaron que no hay que pedir y que hay que estar siempre con la frente en alto. Con este pensamiento empezamos a trabajar, comenta la productora.

El proyecto se inició con el apoyo espiritual de monseñor Elías Proaño, conocido como el Obispo de los Indios y de los Pobres, y el crédito y estímulo de organizaciones internacionales como el Centro Canadiense, la Pastoral Social, el gobierno canadiense, que apoyó con infraestructura. Mientras que la Organización de Estados Americanos y la Unión Europea entregaron maquinaria y la Cooperación Técnica entre Alemania y Ecuador (GTZ) se encargó de implementar los huertos familiares.

En el 2008 terminó el financiamiento, pero la organización, ya fortalecida, continuó, explica la dirigente.

En la actualidad, esta organización de pequeños productores ha logrado la certificación orgánica, la de comercio justo para acceder a los mercados de Europa y está certificando el símbolo de los pequeños productores con la Coordinadora Latinoamericana de Comercio Justo para el mercado local y posiblemente para América Latina, recalca Guamán.

“Buscamos que nuestros productores tengan mente empresarial. Exportamos el 72% de la producción a Francia, Alemania, Japón y Holanda, y nos promocionamos en las ferias internacionales”, agrega.

Necesidades para continuar
Una de las preocupaciones del gremio, que lleva doce años de labores, es que aún no les han adjudicado el terreno donde trabajan.

“Cuando estaba monseñor Proaño la tierra se repartió, llegamos a este terreno y el Centro Canadiense tomó en arriendo estas tierras que son de la diócesis. Aquí tenemos mucha inversión, quisimos comprar, pero la tierra no tenía escritura y no pudimos.

En este momento esperamos que se nos resuelva la situación ya que tenemos una inversión fuerte y muchas familias y fuentes de trabajo ocasional dependiendo de la organización. No queremos que nos regalen, tenemos el dinero para comprar. Aprendimos a ser administradores de nuestra propia situación”, explica.

Otra de las necesidades de los agricultores, indica Guamán, es la capacitación y créditos blandos para continuar con la labor de la que viven.

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